Búscate un amante… un escrito comentado de nunca acabar

Una entrada a partir de un correo recibido en el 2001, bajo el título de: Búscate un amante. Cada cierto tiempo vuelvo a recibirlo, y en los últimos años, incluso, a través de de grupos de WhatsApp.

A mi hija, en el 2008, le escribía lo que a continuación comparto.

Hola, mi cielo… este es un intercambio del 2008 en torno a un escrito que recibí (te imaginas: ¡en el 2001!) y que se titulaba: “búscate un amante” (firmado por Gitta Marie), y otro texto relacionado titulado «¿Tu esposo te hace feliz? (ambos incluidos en esta entrada). Más abajo nuestro intercambio que viene de personas que podrían doblarle en edad o rondar en la edad de su madre. Quizá, ya se lo había enviado antes, más no bajo este encabezado. Le anuncié que lo editaría para publicarlo en Mapibudi, y hasta ahora me decido a publicarlo casi tal cual estaba en ese momento.

¿TU ESPOSO TE HACE FELIZ?

[En cierta ocasión durante un seminario para matrimonios, le preguntaron a una mujer.

-¿Te hace feliz tu esposo? ¿Verdaderamente te hace feliz?

En ese momento el esposo levantó ligeramente el cuello en señal de seguridad, sabía que su esposa diría que sí, pues ella jamás se había quejado durante su matrimonio, sin embargo, la esposa respondió con un rotundo:

No…, no me hace feliz.

Y ante el asombro del marido continuó:

-No, no me hace feliz, ¡YO SOY FELIZ!…. El que yo sea feliz o no, eso no depende de él, sino de mí- Yo soy la única persona de quien depende mi felicidad. Yo determino ser feliz en cada situación y en cada momento de mi vida, pues si mi felicidad dependiera de alguna persona, cosa o circunstancia sobre la faz de esta tierra, yo estaría en serios problemas. Todo lo que existe en esta vida, cambia continuamente. El ser humano, las riquezas, mi cuerpo, el clima, los placeres, etc. Y así podría decir una lista interminable.

A través de toda mi vida, he aprendido algo, decido ser feliz y lo demás lo llamo «experiencias»: amar, perdonar, ayudar, comprender, aceptar, escuchar, consolar.

Hay tanta gente que dice:

-No puedo ser feliz porque estoy enfermo, porque no tengo dinero, porque hace mucho calor, porque alguien me insultó, porque alguien ha dejado de amarme, porque alguien no me valoró, etc.

Pero lo que no saben es que PUEDES SER FELIZ, aunque estés enfermo, aunque haga calor, aunque no tengas dinero, aunque alguien te haya insultado, aunque alguien no te ame o no te haya valorado.

Ser feliz es…

UNA ACTITUD ANTE LA VIDA, QUE CADA UNO DECIDE.

Anónimo (muchas versiones similares, a la vez diferentes, en incontables páginas de la Web)

BÚSCATE UN AMANTE

Muchas personas tienen un amante y otras quisieran tenerlo. Y también están las que no lo tienen, o las que lo tenían y lo perdieron. Y son generalmente estas dos últimas, las que vienen a mi consultorio para decirme que están tristes o que tienen distintos síntomas como insomnio, falta de voluntad, pesimismo, crisis de llanto o los más diversos dolores. 

Me cuentan que sus vidas transcurren de manera monótona y sin expectativas, que trabajan nada más que para subsistir y que no saben en qué ocupar su tiempo libre. En fin, palabras más, palabras menos, están verdaderamente desesperanzadas.

Antes de contarme esto ya habían visitado otros consultorios en los que recibieron la condolencia de un diagnóstico seguro: «Depresión» y la infaltable receta del antidepresivo de turno. Si yo he llegado a conocer a estas personas es porque obviamente, no mejoraron y vinieron a verme buscando soluciones a su rosario de dolencias. Entonces, después de que las escucho atentamente, les digo que no necesitan un antidepresivo; que lo que realmente necesitan, es un ¡amante!

Es increíble ver la expresión de sus ojos cuando reciben mi veredicto. Están las que piensan: ¡Cómo es posible que un profesional se despache alegremente con una sugerencia tan poco científica!  Y también están las que escandalizadas se despiden y no vuelven nunca más. A las que deciden quedarse y no salen espantadas por el consejo, les doy la siguiente definición:

Amante es: «Lo que nos apasiona». Lo que ocupa nuestro pensamiento antes de quedarnos dormidos y es también quien, a veces, no nos deja dormir. Nuestro amante es lo que nos vuelve distraídos frente al entorno. Lo que nos deja saber que la vida tiene motivación y sentido. A veces, a nuestro amante lo encontramos en nuestra pareja, en otros casos en alguien que no es nuestra pareja. También solemos hallarlo en la investigación científica, en la literatura, en la música, en la política, en el deporte, en el trabajo cuando es vocacional, en la necesidad de trascender espiritualmente, en la amistad, en la buena mesa, en el estudio, o en el obsesivo placer de un hobby… En fin, es «alguien» o «algo» que nos pone de «novio con la vida» y nos aparta del triste destino de durar.

¿Y qué es durar?

Durar es tener miedo a vivir. Es dedicarse a espiar como viven los demás, es tomarse la presión, deambular por consultorios médicos, tomar remedios multicolores, alejarse de las gratificaciones, observar con decepción cada nueva arruga que nos devuelve el espejo, cuidarnos del frío, del calor, de la humedad, del sol y de la lluvia. Durar es postergar la posibilidad de disfrutar hoy, esgrimiendo el incierto y frágil razonamiento de que quizás podamos hacerlo mañana.

Termino este relato con una sugerencia; más que una sugerencia, una súplica: Por favor no te empeñes en durar, búscate un amante, sé vos también un amante y un protagonista de la vida. Piensa que lo trágico no es morir, al fin y al cabo la muerte tiene buena memoria y nunca se olvidó de nadie. Lo trágico es no animarse a vivir; mientras tanto y sin dudar, búscate un amante.

La psicología después de estudiar mucho sobre el tema descubrió algo trascendental: «Para estar contento, activo y sentirse feliz, hay que estar de novio con la vida».

Gitta Marie

Tomé este mensaje y se lo reenvíe, vía correo electrónico a varios amigos, iniciando con las siguientes líneas: Hola amigos, ¿se animan? ¿Tendrán el amante o se dedicarán a durar? Recibí pocas respuestas y de las recibida guardé solo dos, por el impacto que en mí produjeron; por su honestidad y comprensividad.

Sobre ser feliz es algo que, aún desde aquellos años, intentó internalizar de forma tal que se convierta en un hábito y no la respuesta a un acto consciente. Sé que es mi responsabilidad, única y exclusiva. Algo así como un reflejo no-condicionado, tal y como es la secreción del jugo gástrico cuando se tiene hambre o hace falta glucosa en las células; ni lo pensamos, es automático, ocurre porque así funciona el organismo. Es decir, ser feliz por el solo hecho de estar vivo y tener, con cada aliento, la oportunidad de ver, oler, sentir, degustar, y, por qué no, hasta joder. Abrir los ojos y que el pecho salte henchido de felicidad. Que no dependa de otros ni de las circunstancias que me rodean. Ser feliz y poder compartir esa sensación y emoción de felicidad.

¡Qué raros somos los seres humanos! Se nos advierte de tener capacidad creadora (cuestión que solemos cuestionar); pero, al entenderlo, en mi caso, lo acepto como una expresión verdadera. Creamos con el pensamiento, la palabra y la acción (de pensamiento, palabra y obra, dice la fe). Creamos cuando pensamos, expresamos nuestros pensamientos –hablamos- y actuamos conforme a lo pensado y expresado; al actuar, creamos. Somos responsables de nosotros mismos y hacemos culpables a otros por lo que sufrimos, o les reconocemos el poder de darnos/quitarnos la felicidad.

Recordando la canción de Roberto Carlos: «yo quisiera ser civilizado como los animales…» ¿Serán ellos más felices? Tenía una gatita llamada Pot que, además de comida, agua y el tiesto con arena para deponer sus desechos solo pedía cariño y mimo, los que siempre estaba dispuesta ella a dar, si se lo permitía. Igual, otra gatita silvestre que estaba fuera de casa -Pit- y que la adoptó como suya, que pedía lo mismo. Tanto la que estaba dentro con todas las garantías y comodidades como la que estaba fuera, al desamparo. Cariño y mimos. ¡Cuánto nos cuesta tener el tiempo para darlos y dárnoslo, aún a nosotros mismos!

«Ama a tu prójimo como a ti mismo», no más que a ti… el asunto es que no sabemos amarnos a nosotros mismos, por ello tampoco sabemos amar al prójimo. No es una cuestión de religión, es de sobrevivencia, salud mental y emocional.

Hoy, 21 años después, con carácter más bien anecdótico, comparto las dos respuestas recibidas y atesoradas en mis archivos durante este tiempo.

—Te doy mi opinión a ti nada mas, pues no conozco los demás y no me gusta ser comparado ni catalogado. Yo siempre he visto las cosas de la forma como lo expone el artículo. Amantes tengo y he tenido en muchas formas (permanentes y pasajeras): mi familia; mi trabajo; mis propiedades; un buen proyecto; la música que escucho en las noches cuando estoy en El Valle; la satisfacción de hacer bien las cosas; mandar correos electrónicos; y muchas otras, algunas de las cuales me abstengo de mencionar. Pero de la misma manera como la felicidad no puede ser constante, uno las varia y/o alterna ya que se requiere una especie de dinámica para mantener esa «chispa de la vida» y uno requiere varias amantes para vivir.

Es un hecho que no todas las cosas en la vida son blancas o negras y que uno tiene sus altas y bajas, y a veces te encuentras con la chispa apagándose, pero en ese momento hay que buscar «esa cosa mística», esa amante, que la reviva, siempre y cuando se enmarque dentro de ciertas limitaciones (nada de drogas, gays, licor, ni relaciones peligrosas como andar con la novia de un mafioso, etc.).

He encontrado que cuando las preocupaciones o depresiones son muy grandes y tienden a apagar la chispa, recurro a ejercicios más exhaustivos. Generalmente hago ejercicios como caminar, montar bicicleta y nadar, pero cuando siento esas presiones (como hace cinco años que tuve una demanda de un millón de dólares y hace veinte años estuve endeudado $600,000 por una mala decisión), entonces elevo mi nivel e intensidad de ejercicios. Durante la época de la crisis (1988-1989) me dediqué a trabajar en el jardín de mi casa 8 horas diarias por un par de meses (le hablaba a las plantas, las acariciaba, y creo que hasta pensé en cortar la hierba con una navaja de afeitar). Es sorprendente como un buen rato de ejercicios y una buena sudada ayudan a relajarme y ponerme en control de mi mente. En cuanto a Dios, trato de no molestarlo con preocupaciones económicas ni materiales.

También te puedo decir que «esa cosa mística» lo mantiene a uno con ánimos de seguir aunque a veces no logre conseguirla. Como la vez pasada que invite a una chica a almorzar y me canceló. La próxima semana voy a invitarla de nuevo y espero que no me cancele. ¿Tú qué crees?

—Sí, esa chica era yo, y no cancelé la segunda y última invitación. Cambié de trabajo y fue un mundo de “clausura”.

Fernando

—Hola. Te envío un saludo por este medio ya que no he podido contactarte vía telefónica. Espero que te encuentres bien.

Hace muchos años, cuando era lector asiduo de la Estrella de Panamá, había un columnista que leía a diario. Sus comentarios eran sobre diversos temas: salud, educación, literatura, arte, y me gustaba porque parecía haber una comunicación telepática entre él y yo. Cuando yo tenía una preocupación o duda sobre algo, su artículo parecía responder a mi inquietud. Posteriormente cambió de diario y perdí contacto con él.

Con tus recientes envíos me ha sucedido algo parecido. Cuando reflexiono sobre algún tema, tus mensajes parecen darme una respuesta o argumentos adicionales. Las reflexiones sobre baila como si nadie te estuviera mirando y este que te comento me parecen muy acertadas y coincido plenamente con ellas. Creo que instintivamente todos seguimos estos pensamientos, aunque en mi caso no he sido muy exitoso, ya que a pesar de que el trabajo es un buen escape y que la literatura sirve de algo, aparentemente todavía no consigo un «buen (o buena) amante», ya que aún presento síntomas del síndrome de la rutina (el término es mío).

Un abrazo,

Darío

PD. Gracias por tu abrazo, el cual te correspondo de mil amores. Aunque es un abrazo colectivo, me siento aludido por haberlo recibido, señal de que todavía estoy en tu libro de direcciones.

Estos escritos son del 2001, poco antes de entrar a trabajar en el Canal. Siempre los retomaba para escribir una entrada para este blog y se volvían a quedar en el tintero. A mi hija se los compartí (completo con los mensajes que dieron origen al intercambio) en el 2008.

Hoy, 26 de junio 2022, me leo y me doy cuenta que 21 años de vida poco me han cambiado. Sigo en la misma búsqueda, con las mismas dudas e inquietudes existenciales.

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Mi carta de Reyes 2022

Empecé a escribir o reescribir esta carta de agradecimiento, deseos e intenciones ocho días antes de que, este 2021, llegase a su final. Han pasado espacios de tiempo desde entonces… inexorablemente. El tiempo, nuestro tiempo, no hace altos, no nos espera. En este momento estamos a solo unas pocas horas de su cierre, y entre medio he escuchado entrevistas, clases, programas radiales de Darío Sztajnszrajber, argentino, filósofo, docente, conferencista y divulgador de filosofía, y he quedado pausada, dudando aún más de todo. No obstante, y mientras no tenga alguna idea mejor, continúo mi ritual de cada año, entre expectativas más esperanzadoras que las del anterior, y remontando mis miedos; con un crecimiento personal —invaluable— al nivel más íntimo, más puro, como mujer, como ser humano. Me siento feliz por ello y os lo agradezco sin dimensión posible que le encaje.

Mis amados Reyes, por décima vez, de manera ininterrumpida, os escribo y plagio de mis escritos de años anteriores lo que ya sabéis: «No me creáis nada, siempre dudéis de aquello que os digo». Ya debéis tener la seguridad que os expreso lo que siento y lo que pienso, convencida que vosotros sois yo. Me siento segura que sois mis voces, esas que pululan en mi interior creando un debate interno capaz de las mayores proezas y, al mismo tiempo, de los más grandes estancamientos. La experiencia me ha demostrado que al escribiros organizo y ordeno mejor mis ideas, visibilizo mis sentires, pensares y quereres. Tengo la certeza que ello me conducirá a establecer objetivos y metas, llevándome a dónde realmente quiero estar. Sí, me copio en lo anterior y en muchas otras partes de esta “nueva” misiva. Los sueños y anhelos se mantienen; los propósitos se fortalecen; los proyectos tienen continuidad, sus resultados se evalúan, y a los avances, se les da seguimiento.

Insisto: no me creáis nada; escribo para mí sobre mis propósitos invocándolos para el año que esta por iniciar. Me reafirmo en la representación de que el Universo escucha mis deseos y los transforma en realidad. Tomo conciencia que poseo la capacidad de sentirlos, pensarlos, escribirlos o hablarlos y, de forma creativa, concretarlos mediante la instauración de metas inteligentes, realistas, retadoras; aceptando que haré mi mejor esfuerzo y pondré mi mejor empeño con un único propósito: ser feliz y compartir esa felicidad. Felicidad en lograr ser cada día mi mejor versión; felicidad en el aprendizaje; felicidad en la ausencia o el manejo oportuno del sufrimiento. Abrazo la expresión de que «El dolor es inevitable, el sufrimiento, opcional». Acepto, anticipadamente, que aquello que alcance será lo mejor que, con mis recursos, habilidades, destrezas y comprensión pueda obtener, trabajando con ahínco, constancia, perseverancia, reconocimiento de mis limitaciones y potencialidades, fidelidad a mí misma y amor incondicional.

Transito por un momento de caos emocional indescriptible; triste y, a la vez, hermoso dentro de toda su complejidad o simplicidad. ¿Pero, sabéis lo peor? Que me desconozco a mí misma en este marco de fragilidad. Quizá sea mi ego —que sigue allí, empoderado, vital— el que me dice: “¡esto no me puede estar pasando a mí!” Sí, seguramente es él; y en lugar de responder apropiadamente, me trasloco girando dentro de esa negación, con emociones encontradas dentro de un laberinto o un callejón sin salida. ¡Soy fuerte!, lo sé. Tengo el convencimiento que la luz está en algún punto dentro de sus múltiples angostillos. Alto, alto, alto… una mirada al espejo y la reiteración, transformada en orden: tengo que salir, tengo que salir… ¡Saldré! ¡Todo es cuestión de tiempo!

Como cada día, y de manera especial, al finalizar este año he recordado con amor y nostalgia a todos los que están lejos, deseando verlos pronto, abrazarlos, hablarles de cerca y, en algún momento próximo, volver a verlos y compartir con ellos, mi familia extendida, mis amigos y colegas. Un momento especial en nuestras reflexiones lo tienen los que han trascendido: mis padres, mi abuela Magdalena, mis abuelos Francisco y Joaquina; otros familiares y varios amigos. Este 2021 ha sido un año de muchas trascendencias de seres queridos, muy cercanos, muy íntimos, como consecuencia -directa e indirectamente- de la pandemia que desde el 2020 nos azota y somete. Quiero dedicar un espacio especial al recuerdo de mi amiga Dalis de Guillén, quien el 11 de abril desencarnó.

El tiempo no se contiene, pero las esperanzas se conjugan con los sueños para hacernos imaginar un mejor mañana. El 2022 ha de llegar, tan o más esperado que cualquier otro para los que estamos en este siglo XXI. En esta oportunidad hemos de entender que él no será per se un buen año, nosotros nos encargaremos de hacerlo mejor que el anterior, sin agotar el potencial para que sea rebasado por los venideros.

En los dos últimos años me he quedado con sendos mensajes de los múltiples recibidos; ambos siguen siendo vigentes, y lo interesante es que uno y otro se han materializado o expresado. El seleccionado el año pasado habla: “Que en el 2021 volvamos a abrazarnos” (y ya nos estamos abrazando, muy fuerte y en todos los espacios: familiares, amicales, laborales), y el del 2020 decía: “Cuenta una leyenda que, a veces, la vida se encarga de romper los planes porque es el modo de que salgan bien” (y así fue; ocurrió en el tercer cuarto del 2020, y entendí plenamente su significado en el segundo cuarto del 2021). Aún no tengo el elegido para el 2022… sé que lo encontraré antes de que inicie, y marcará el norte. Ha sido encontrado, en un meme, en las últimas horas: “Amo mi equilibrio inestable entre la sabiduría y la locura, la serenidad y la ira, porque me hace jodidamente real.”

Hoy quiero brindar con otro mensaje recibido: “Por lo que ayer dolió y hoy superé. Por los que supieron dejar una huella en mi vida y no una cicatriz [aunque también por los que dejaron cicatrices dolientes y aquellos que me ayudaron a abrirlas para sanarlas correctamente]. Por los viejos tiempos y sus grandes momentos. Por lo que se fue y por lo que está y por lo que vendrá. Por los que partieron, pero están en mi corazón. Por las bendiciones recibidas y las lecciones aprendidas”: ¡Brindo!

En ocasiones pienso que, en alguna de mis vidas pasadas, mi alma reencarnó en el oriente asiático; ¡me gustan sus tradiciones, sus comidas, su cultura… tantas cosas! De allí que esté pendiente de la celebración del año nuevo chino que difiere de la nuestra, y cuya fecha tiene que ver con la luna y sus fases.

La última luna llena del 2021 fue el 18 de diciembre; la primera luna nueva después del Solsticio de Invierno (21 de diciembre 2021) ocurrirá el 3 de enero, y la primera luna llena del 2022 será el 17 de enero. En consecuencia, la fiesta del año nuevo en China será del 1 de febrero del 2022 —correspondiente al año natal del tigre—, y cerrará el 21 de enero del 2023. Esta es su festividad más importante, con una celebración que dura siete días.

El Año Nuevo natal del tigre, según varias páginas consultadas, «tiene rasgos peligrosos y poco caritativos por estar relacionado con el agua». El agua, ¡la marca de mi nacimiento, mi signo y símbolo! Leí que puede ser un momento “especial para la osadía y la grandeza”. «Este signo simboliza la valentía, la fuerza y el exorcismo de males». ¿Cómo será para la cabra de madera —que me corresponde— este año reconocido como del movimiento y la voluntad? ¡Se pinta muy bien!

«Cabra madera… vivirá un año intenso, frívolo, aunque interesante, de beneficios y buenas noticias. Será menos paciente y más valiente a la hora de argumentar y debatir debido a la energía madera que rige parte de su composición energética. Recibirá el año del tigre con ganas de transmutar estilo, trabajar o planear unas vacaciones a un lugar exótico. El cansancio, estrés y aburrimiento se irán disolviendo. Será muy solicitada, sus consejos y experiencias serán revalorizados en situaciones límite. Será un año de recuperación y optimismo, intercalado con interesantes oportunidades en términos de consolidación de logros».

Varias fuentes

De mi carta a vosotros del 2021 traigo a esta mis reflexiones en torno a la duración de siete días. ¿Por qué siete y no seis u ocho? Es enigmática la duración de siete días; el número siete es mágico. Cuando cumplía siete años nació uno de mis hermanos; fue mi regalo de cumpleaños. El dígito siete desde la antigüedad recluyó un halo misterioso. Según varias fuentes consultadas, «para Pitágoras era el número perfecto, Alighieri lo usaba en sus obras y la Biblia lo menciona con frecuencia. ¿Qué secreto oculta? De las siete maravillas a los siete pecados capitales, las claves de una cifra que tiene poder en sí misma.» ¿Por qué las festividades de año nuevo chino comprenden siete días? ¿Por qué entre Navidad y el inicio del año de nuestro calendario Gregoriano hay siete días? ¿Será porque entre cada fase lunar hay poco más de siete días? ¿Tendrá la duración de las fases lunares algo que ver con la magia de este número? Cada una de las cuatro fases principales de la luna dura aproximadamente 7,4 días.

Queridos Reyes Magos: ¡sois mágicos, estáis en mí, sois yo! Me agradezco por lo vivido, descubierto y aprendido. He dado pasos importantes en la aceptación de todas mis facetas, mi ego y mi sombra —a la que conozco y comprendo mejor cada día, dándole la libertad que merece para ser y existir—. Me reconozco como una incesante aprendiz con un apetito voraz e insaciable en búsqueda de conocimientos y experiencias que le permitan validar su filosofía de vida o hacer los ajustes que correspondan.

Reconozco en mí la existencia de un espíritu incansable, valiente e indómito que mora dentro de un alma que, a su vez, habita dentro de una valija de huesos y músculos, arterias y venas, órganos, tejidos y células, moléculas de material genético, neurotransmisores y hormonas, masa y energía, bajo la forma de figura humana femenina que porta mi nombre. Un espíritu agradecido por la oportunidad de un día más, de un año más, de un lapso adicional con innumerables oportunidades para reencontrarse y remontarse a sí mismo, y ser feliz.

Agradezco, como en ocasiones anteriores, todo lo recibido y experimentado. Invoco la paz, la prosperidad, el bienestar y al amor para el año que en breve iniciará. Enmarco mi carta a vosotros con el convencimiento que estáis dentro de mí y que sois, en uno, yo misma. Coincido, acepto y reitero que no es el 2022 el que debe ser diferente ni mejor: soy yo, está en mí.

Retomo, entonces, las preguntas que me permitieron definirme en años anteriores ¿Qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Cómo he de vivir? ¿Qué es negociable y qué no lo es?

Un proyecto de vida

Ya os he contado que soy un espíritu de “ideas fijas” y que suelo tener metas que pueden tomar tiempo, quizá mucho tiempo, pero persevero y las alcanzo; para emprender otras nuevas. Una de esas ideas es la remodelación de la 1980A. La pandemia ha afectado el desarrollo de planos y, sobre todo, su aprobación. El proyecto ha avanzado -con todo- y confío que se concrete y concluya en el 2022. ¡La vuelta alrededor del mundo en varios meses!

Quiero, una vez más

En el 2021 no alcance la meta de viajes al exterior, pero el realizado valió por mil, por la compañía, por los reencuentros, por el amor. Al exterior, solo a Miami (Estados Unidos); la pandemia no dio para más. Eso sí, logramos hacer varios viajes internos vacacionales (dos a Boquete, Chiriquí; otros tantos a Aguadulce; algunos a Mi Isla).

En este año que finaliza hemos concretado los encuentros con mis compañeros de secundaria. Iniciamos en mayo y hemos completado cinco a diciembre (en las casas de Pipo, Diomedes; Mi Isla, Casa Roja y finca de Monchi). Ya estamos planificando los correspondientes a los primeros tres meses del 2022. Os agradezco infinitamente por cada uno de los momentos compartidos.

En el 2022 quiero disfrutar de los viajes planificados y los que vayan saliendo; un poco de entropía “controlable”, pero desbordante. Os repito: no me creáis, es mi deseo, nada escrito en piedra, pero sí aquí y en este momento. ¡Mis quereres de viajes, mínimo, dan para varios años por delante! Estados Unidos: Victor en Colorado, Indianápolis, algún crucero de Disney, Miami, Las Vegas, New York. España: Carballal, A Rúa, Freixido, Madrid, Alpedrete de la Sierra, Cerdanyola del Vallès, algún lugar nevado; Marruecos; Rumanía: Bucarest, Sinaia, Slanic Moldova, Brasov. Argentina: donde Daniel Hugo, en Rosario, a Bariloche y la Tierra de Fuego. China, Japón y Oriente. África: el Kilimanjaro, las cataratas Victoria. Australia. ¡Tantos sitios por visitar, tantos lugares por conocer, tantas experiencias por vivir, tantos momentos por compartir! No me creáis, son tres al año, quizá pueda lograr algunos más.

Para cuando las condiciones nos lo permitan anoto la idea de concretar una reunión de los Diéguez de Panamá. ¿Por qué no? También la segunda de los descendientes de Magdalena Pinto; ir a Monte Grande. La familia crece y es necesario que se conozca y reconozca. Organizar y realizar encuentros de los que estudiamos en Rumanía. Recuperar las actividades extracurriculares de UCA. La reunión familiar de fin de año en la Casa Rosa o en Mi Isla.

He logrado llevar el tarro de gratitud/agradecimiento, sugerido por mi hija. En él he depositado un papelito cada día con algo bueno ocurrido. Espero abrirlos el 31 de diciembre de 2021 y leer todo lo maravilloso que este año me enseñó y permitió disfrutar. Quiero continuar con el proyecto de fotografías en ambientes exóticos y en libertad.

Reafirmo —un año más mi propósito, aún en desarrollo— y me reitero a mí misma el querer emprender nuevas tareas que me lleven a alcanzar otras metas. Quiero “crear” belleza, a través de diseños, juegos, innovaciones. Quiero desplegar la cartera de cursos en agua y electrónica, con ICHSA y BLSA; seguir en el desarrollo del plan de acción de BLSA. Entre otras ideas que pululan por mi mente. Quiero seguir soñando y trabajando para la concreción del proyecto sobre el centro de día para adultos mayores y área recreativa en zonas factibles.

Quiero retomar mis proyectos de escritura más inmediatos con fuerza, perseverancia y disciplina:

Me ratifico, como cada año, en mi deseo de seguir escribiendo; mantener los blogs con entradas continuas, de forma permanente; ponerme al día con la publicación de los trabajos de mis estudiantes.

Quiero retomar disciplinadamente la escritura matutina de, al menos, tres páginas que inicié el 3 de noviembre 2016. Proseguir con la edición y publicación del último de los elementos de la saga de Historias negras de una pesadilla en gris; la historia de búsqueda de mis raíces en los pueblos de mis abuelos en Galicia; las historias de mis pueblos. Quiero reunir los escritos autobiográficos, darles forma a esas historias. ¡¡¡Quiero hacerlo y estoy más cerca de ello!!!

1. Historia de mis ancestros (la búsqueda de mis raíces españolas). He llegado y andado en cada sitio de los cuales tenía información que mis abuelos habían estado hasta dar con sus pueblos en Galicia y tener, a este día, ubicados a familiares. Es una historia hermosa e increíble. Está avanzada, pero requiere la puntualización de su estructura. Con un familiar en España (más él que yo) hemos podido llegar a nuestros tatara-tatarabuelos y un poco más atrás. Quiero abordar el tema de las condiciones de vida de Galicia a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, su vida en aquellos tiempos y su migración.

2. Antología culinaria, está avanzada también. Como regalo de bodas para mi hijo publiqué Mis recetas para Natalie (2010) y una primera reimpresión (2018). Comprende recetas familiares y de amigos que empecé a anotar desde que él me lo pidió cuando tenía 6 años (“para que cuando sea mayor mi esposa me trate”). Ahora, esta segunda obra de cocina trata de nuevas recetas, pero asociadas a la historia de amistad y amor que me une a quiénes me han invitado a su mesa. Sus historias sucintas de vida ligadas a la mía. Soy convencida que el fuego, por su capacidad de reunirnos para protegernos, pero sobretodo para preparar y degustar los alimentos, es el responsable de la socialización de nuestra especie y los saltos cualitativos en su evolución. De allí el “tributo” a las comidas y a quiénes se placen preparándolas, ofreciéndolas, degustándolas, y a quienes amo.

3. La tercera obra de la saga “Historias negras de una pesadilla en gris” (aún sin nombre decidido), continuidad de “Sexo tercerizado” (2019) y “Los silencios del espejo” (2020). Historia triangular, de lazos de amor desgarrados por infidelidades. Está muy avanzada, casi lista; la desmadejé en un momento dado, complicándola en su versión final.

4. Historias o compilaciones de relatos de nuestros pueblos. Historias sueltas, con inicio y casi final, que se remontan a muchos años atrás y otras más recientes, propias y de amigos que las han compartido conmigo a sabiendas que las compilaré, editaré, reinventaré y publicaré. Los escritores nos apropiamos, aún sin permiso, de aquello que nos es contado, leí en algún lugar.

5. Una experiencia de amor atemporal, en condiciones de cautiverio (pandémicas). Gracias por esos siete meses más increíbles de mi vida; gracias por el descubrimiento de mí misma; gracias por el crecimiento compartido. Quiero continuar la limpieza y edición de textos personales intercambiados, que ofrecen, como lo hizo Laura a Petrarca, la inspiración y el material para una obra principal, proporciones guardadas, a semejanza de su Cancionero (Rime in vita e Rime in morte de Madonna Laura; ampliando con el transcurso de los años). Continuaré con la edición de la entrevista a la madre de Dalis y otros encuentros con ella para puntualizar datos y revisar la información hasta ahora generada; y seguir trabajando otros textos ya avanzados. Las palabras de mi amiga Dalis siguen haciendo eco en mi ánimo, son parte de su legado de amistad: “Eres una escritora muy especial. Pareciera que te salen las palabras con la fluidez del agua bajando en el río: plácidas, tranquilas y a veces turbulentas”. Con ellas en mente, tendré el cóctel perfecto.

6. Continuar con el estudio de la conciencia, a partir del material generado de las encuestas aplicadas. Hay mucho por bregar allí; aprender y devolver en propiedad.

Este año será el ideal para avanzar sustancialmente y hasta finalizar varias de estas obras. Seguir pintando mandalas e incursionar en otras técnicas de pintura, como las que he ido experimentando en el 2021. ¿Por qué no?

Quiero, cada mañana, celebrar el nuevo amanecer, y al finalizar el día, cada atardecer; el sol en sus salidas y ocasos; la lluvia cuando cae, los truenos y relámpagos que estremecen la tierra, que embellecen la atmósfera y nutren los suelos. El cielo, las estrellas, la luna en sus diferentes fases, el movimiento de las olas y las corrientes del mar, y el fluir de los ríos; disfrutar la compañía de mis hijos -sus parejas-, y mis nietos, la llegada del o la próxima y los otros dos; mis amores, mi familia extendida; los amigos, mis compañeros; las clases y mis estudiantes quienes son, a la vez, mis maestros.

Quiero dejar de luchar contra mí misma, renunciando a la necesidad de la aprobación externa. Quiero ser mi propia y única crítica a sabiendas de lo que soy. Quiero lograr mi libertad interior preservando mi ser, mi conciencia, mi espacio íntimo. Quiero fortalecer todo aquello que me hace sentir humana y vulnerable; exquisitamente humana. Amar, amar plenamente, sin miedo ni contenciones, en libertad. Quiero seguir defendiendo a los gatos que viven en nuestro patio, a la naturaleza que nos rodea; recordar a Ónix como el mayor de los amores recientes y agradecer. Quiero respetar la vida, dignificando la mía.

«El sufrimiento del mundo, no importa dónde se produzca, me afecta también a mí, porque mi propio sufrimiento no está separado de aquel. Por eso en realidad la compasión, o el ponernos en el lugar del otro no tiene nada que ver con el altruismo, se trata de un dolor que yo siento directamente porque me doy cuenta de que es realmente igual al mío. Si le sucede algo al pulgar de mi pie no digo que tengo una compasión altruista con él, me duele a mí mismo, aunque el dedo esté muy lejos de mi cabeza. De esta forma prácticamente estamos unidos con todo».

Hans Peter Dürr, físico

¿Qué necesito?

Hace poco le escuché decir a un compañero de trabajo una expresión que caló en mi ánimo. «No somos hojas sueltas sino páginas del mismo libro; lo que afecta a alguien, en alguna medida me afecta a mí porque soy parte de esa misma especie. Además, algunos estamos al inicio; otros en el medio; y quizá otros casi al final. Sin embargo, somos parte de un mismo todo» (Luis, comunicación personal).

Entiendo del intercambio anterior que la vida es un gran libro del cual somos sus páginas. Ninguna página se desprende porque de hacerlo éste quedaría con historias cortadas, inconclusas o sin sentido. Cada persona va apareciendo o dejando de estar conforme vayamos avanzando en la lectura; algunas surgirán y permanecerán en cada una o la mayoría de las páginas hasta el final de sus o nuestra vida; otras, estarán en unas cuantas o quizá en una sola página o un párrafo o con menciones a pie de página. Pero todas son esencia y fundamento del crecimiento individual y colectivo de los que allí hemos tenido la fortuna de coincidir en espacio y tiempo para juntos escribir capítulos, relatos cortos, escenas, historias, anécdotas, sean estas más próximas y entrañables o más casuales.

Quiero tener la capacidad y entereza para dar vuelta a las páginas tantas veces como quiera encasillarme en alguna lectura mermando el avance ligero y productivo; continuar con la escritura y lectura de las siguientes páginas. Quiero vivir plenamente el presente, disfrutar cada momento vivido; incluso los entrópicos. Soltar la carga de emociones tóxicas; la penosa tarea de emitir juicios. Evitar que los juicios de los demás me afecten. Reconocer e internalizar que todo es neutro y que son mis creencias e interpretaciones las que enjuician, liberan o condenan.

Quiero continuar en la sanación de mis relaciones de manera tal que fortalezca mi vivir en caminos de respeto, trato digno, lealtad, confianza, amor, felicidad. Disfrutar de cada idea, momento, acción, tarea, esfuerzo y logro alcanzado. De cada inhalación, de cada exhalación; de cada bocanada de aire fresco que entra a mis pulmones, de todo el que sale. Recrearme en cada gota de lluvia, en cada atardecer que selle mi jornada, y en todo amanecer que irradie mi despertar. En cada aleteo de algún ave, del revoloteo de las mariposas, de los ojos atentos de los gatos al mirar, del suspiro del viento cuando acaricia mi piel. Hacer todo lo anterior sin dudas, sin incertidumbres, sin sobresaltos. O, llevándolos al mínimo, manteniendo la flexibilidad, como la espiga que se yergue después que es remecida por el viento.

Quiero mantener La “Casa Roja, nuestro hogar, acogedora; que atrape, retenga, convoque. Logré en el 2021 la meta de delegar la limpieza de la parte posterior del patio, recolocar la cerca de protección, avanzar en la recuperación del canal de drenaje como un elemento paisajístico de valor; ajardinarlo. Quiero reforzar el proyecto de habilitación de un espacio físico como área de trabajo alternativo, espacio de ocio productivo, alegre, divertido.

Os permito que dudéis, pero lo siguiente es un deseo verdadero. Agradezco a mi amiga Cecilia la recomendación de los retos de nutrición que me llevaron a lograr una de mis metas del 2021: realizar ejercicios físicos y deporte, fortalecer los esquemas de una alimentación ordenada y saludable. En este 2022 quiero retomar la realización guiada de esos retos y lograr introducir los ejercicios físicos como una rutina, más que una meta alcanzada sin continuidad.

Quiero aprender o retomar el aprendizaje de amarme y amar todo lo que me rodea y hago; hacer las cosas con amor. Seguir siendo agradecida con la vida que he elegido vivir.

Otra de mis metas del 2021 era amar; lograr amar en propiedad. Hay que tener cuidado con lo que deseamos porque el Universo nos escucha y transforma nuestros deseos en realidad; debo mejorar las especificaciones, los términos de referencia. Siento que al Universo se le pasó la mano… Con todo, ha sido una experiencia única y esplendorosa, sin importar su extensión en términos de tiempo, también en número siete, ni los puntos finales.

Quiero lograr dedicarle un mínimo de diez minutos al silencio interno, sintiendo mi corazón, mis sentimientos y mis pensamientos. Abrazar la soledad sin sentirme vacía en ella, entendiendo que al estar conmigo misma nunca estaré desierta.

Quiero continuar el aprendizaje “a SER FELIZ a pesar de los inconvenientes, de los desafíos, de los desacuerdos y los demás. Porque la felicidad es un estado de ánimo, una forma de caminar por la vida y esa [quiero] que sea mi elección. Por tanto, declaro que no espero nada, no le tengo miedo a nada, soy libre para ser feliz.”

En consecuencia, os comparto una pequeña lista complementaria de otros de mis “quereres”, extendidos a quienes amo:

—Quiero que en estos días nos conectemos con la sabiduría del silencio para poder escucharnos en el murmullo ligero de la naturaleza.

—Quiero que, en estas festividades de fin de año, las noches estén llenas de observación y conexión con nosotros en nuestra esencia para que así podamos encontrar las respuestas que hemos estado buscando.

—Quiero dar las gracias por la vida de cada uno. Gracias por tu vida, gracias por mi vida.

—Quiero dar las gracias por todos los asuntos inconclusos integrados.

—Quiero convidaros a disfrutar de estos días y a abrazar esa oscuridad para que un día abracemos la luz!

¿Cómo he de vivir?

Me pregunto si debiese fundar mi YO, S.A., o si ya existe. Más allá de mi voluntad para fundarlo por la necesidad de rescatar y mantener mi propio ser sin arrepentimientos. “Si volviera a nacer haría lo mismo, con algunas correcciones específicas.”

He de seguir viviendo con el mismo valor y coraje para envejecer sin asustarme, mas bien con alegría porque cada día es una nueva oportunidad para innovar y hacer cosas; y cada amanecer, para concretar lo pendiente. Siempre he defendido la tesis que la edad es un número, y vivo en consecuencia con esa convicción; sin asustarme con “las arrugas de la edad”. He de seguir abrazando la idea del envejecimiento con dignidad; continuar mirando cada arruga como una medalla al mérito por cada año vivido. “Nunca me he hecho una cirugía de rostro para verme más joven, ni de senos para agrandar las tetas, ni de trasero para agrandar las nalgas, ni soñé con tener la figura torneada de una actriz famosa.” La realidad nos muestra la riqueza y profundidad del ayer frente a lo frágil del mañana. Entiendo que no se envejece por cumplir años, “sino que se deja de vivir cuando se abandonan los ideales, los sueños y las esperanzas.” Cuando nos invade el cuestionamiento del para qué o el por qué vivir.

Tengo cicatrices en mi cuerpo, las que me ha dado la vida: las que me hice de pequeña (…) cuando trepé el árbol de naranja tratando de alcanzar las frutas que estaban en lo alto teniendo otras a niveles más bajos, al alcance de mi mano. Aquellas que me hice cuando huía del azote usado por abuela, saltando cercas por alguna travesura o malacrianza cometida; al pisar alambre púa o enterrarme algún clavo en el patio jugando con mis hermanos y primos durante nuestras vacaciones en casa de abuela Magdalena. Tengo, también, una en la muñeca de mi mano derecha que me hice con una lata de tuna al tratar de abrirla con un cuchillo, y las de los nacimientos de mis hijos.

Fortalezco la idea de vivir conociendo a profundidad mi cuerpo, escuchando su sabiduría. Seguiré buscando entender sus señales que hablan de comodidad o incomodidad, para actuar en consecuencia, atendiéndolo. Aceptar que la enfermedad es un síntoma, no un mal en sí; un mecanismo a través del cual nuestro cerebro nos alerta que algo está mal en nuestro diario vivir.

Agradezco los avances en mi aprendizaje frente al espejo que empieza a dar sus frutos, y la intervención de un amigo —más que amigo, maestro— que me ha prestado sus ojos para verme a mí misma; desde otro ángulo, desde otra experiencia, dentro de mi propio corazón y cerebro. Paulatinamente se debilitan aquellos programas instalados desde temprana edad que hablaban de una fealdad física, constatada años más tarde como inexistente; sus improntas cada vez más se acercan a ser eliminadas; se difuminan irreversiblemente. Sé que, al final, agradeceré por siempre lo vivido bajo ese foco porque, en última instancia, estimuló mi cerebro y mi conciencia hacia aspectos más poderosos que el culto a la belleza física.

Fortaleceré el trabajo realizado en el conocimiento de mí misma, en mi aceptación plena y, sobre todo, en amarme. “Tengo los años que me permiten mirar la vida con una perspectiva diferente, con calma y serenidad, sin perder el interés de seguir creciendo espiritualmente”. Sin embargo, intelectual y éticamente aún hay lastre en mi interior que no trata sobre mi flotabilidad, sino de mi incapacidad o limitaciones para el despegue libre y confiado. Reconozco, como lo hizo mi amiga Mariblanca antes que yo, “que en este momento soy lo más vieja que puedo ser y lo más joven que nunca (jamás) volveré a ser.” O como me dijo, en alguna oportunidad, un querido amigo: eres un fino lienzo cuya edad lo hace aún más valioso y delicado; elementos a tener presente para quien se atreva a trazar pinceladas en él.

Acepto que soy una mujer privilegiada y, por tanto, estoy dispuesta a seguir viviendo intensamente los años que vendrán. Sé que tengo la fuerza, la paciencia y la pasión para alcanzar, si no las estrellas, cualquier meta terrenal que me proponga.

Mis mejores maestros, en adición a mis hijos y ahora mis nietos, son mis estudiantes, de cualquier carrera y de todos los años; desde los que inician un primer año hasta los que están en su primera, segunda y hasta quinta maestría. A pesar de la edad, que he considerado siempre y reitero —aun cuando no había llegado a las tres décadas— un simple número, sigo teniendo estudiantes —de ambos sexos— un tanto mayores que yo; aún en grupos de estudiantes más jóvenes que todos los anteriores (Millennial Generation). Es una combinación explosiva y al mismo tiempo relajante, de crecimiento constante. Energizan; me someten a pruebas cada vez que entro a una sesión de clases. ¿Cómo ajustar lo que sé y quiero transmitir a lo que ellos saben, quieren y necesitan aprender? ¿Cómo logramos sintonizar nuestras señales sobre unas mismas pistas y canales de transmisión-recepción? ¿Cómo lograr que reaccionen, que descubran, acepten y defiendan sus derechos, reconozcan el valor del tiempo y su inversión al estar dentro de un salón de clases; su costo de oportunidad? ¿El cómo ser y mantenerse libres gracias a la educación? Quiero que abracen a la educación y el escepticismo como leales compañeros en su viaje y tránsito por la vida.

El proceso de enseñanza-aprendizaje a través de medios y técnicas virtuales ha representado un reto y ha ofrecido nuevas oportunidades. Cierto que los tiempos de dedicación directa no se ajustan a los establecidos formalmente en una organización docente, sino que van mucho más allá, pero vamos aprendiendo, vamos ajustando. ¡Cuán real es la expresión de Darwin! No solo sobreviviremos a las condiciones actuales, sino que también disfrutaremos la nueva forma de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje e interactuar con nuestros estudiantes, ¡por nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios más que por nuestra inteligencia y fuerza!

En esta pandemia nos hemos redescubierto. No solo tenemos, como sistema biológico, la propiedad del equilibrio dinámico, si no que también somos resilientes. Claro está, hasta la aplicación de cierto nivel de fuerza, carga o presión. Y podemos «rompernos» (caer), pero también poseemos otro límite que supera al de resiliencia que es el de «tenacidad». A partir de allí se aplica el de equilibrio dinámico: nos recuperaremos, pero nos moveremos hacia otro estado que tendrá otras características. Habrá cambios, y responderemos adecuadamente a ellos; nos adaptaremos y evolucionaremos.

Mis compañeros de Calidad de Agua son mis otros maestros. Logran mantener activo y alerta mi cerebro para los temas más variopintos que se nos puedan ocurrir. La vida es nuestro objeto y sujeto de intercambios informales, inolvidables y presentes. El amor, el respeto, la solidaridad, la tolerancia y la empatía son nuestras monedas de cambio. Fortaleceremos nuestra capacidad de celebrar, de reír, de compartir, aún en la distancia. Procuraremos el movimiento de mayor cantidad de sustancias de la felicidad en el interior de nuestros organismos, al tiempo de reducir la producción de aquellas generadas bajo la influencia del miedo, la tristeza y el estrés.

¿Qué es negociable y qué no lo es?

Negociables: espacios; destinos, frecuencias y períodos de viajes; emprendimientos en cuanto a tiempo y espacio.

No son negociables: creación de dudas sobre lo que nuestros sentidos evidencian ante hechos objetivos, invasión y anulación del ser, disponibilidad de tiempo para quedar y estar.

Epílogo

Con mi nieto mayor escribía a principio del 2021, que tres años antes habíamos hecho su carta de Reyes; entonces él tenía cuatro años (hoy tiene 8, caminando hacia los 9). Al finalizar de escribir lo que él iba “pidiendo” me hizo una observación: su “mamá tiene en casa unos reyes magos de madera, pero no hablan”. Es cierto, le respondí. Los reyes magos se presentan en muchas formas. Los que hablan están en el Universo, desde donde nos escuchan. Son polvo de estrellas y están dentro de nosotros también; con ellos hablamos. ¡He allí su magia!

Finalmente, quiero, YO-Péndulo, recibir este 2022 “con mi corazón listo para sentirlo todo”; y en el minuto de inicio repetiré: “prefiero un año emocional que un año sin sentido”, aunque eso “emocional” esté salpicado con pérdidas y una dosis no letal de dolor.

Panamá, a 30 de diciembre de 2021.

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Mis compañeros y amigos de la Pedro Pablo Sánchez, años después

¡Los quiero! No tienen idea de lo fundamental que han sido en mi vida. No puedo empezar a listarlos porque puedo volver a cometer la falta de dejar alguno por fuera. Siempre he dicho que soy quien soy no solo por los padres y la familia que heredé sino por los compañeros y amigos que elegí y me eligieron durante mi periodo de formación. Ustedes fueron y son esenciales en mi quehacer. Son parte de mis raíces y son músculos de mis alas. Son la esencia que respiré cada día durante seis años y que me acompañó durante los 42 restantes, en mi consciente y mi inconsciente. Cuando pensábamos organizar una actividad para reunirnos perdí a Machy y sentí que nada tenía sentido y que sin ella presente no tenía razón alguna reunión de nuestra promoción.

El tiempo me ha hecho ver cuán equivocada estaba. Como dijo Cynthia, la vida continúa, y me siento feliz de nuestro reencuentro del año pasado, de los intercambios diarios, de los intercambios «bilaterales» (Yara, SOS, la villa; Yogui, SOS, mis dolencias; Mayi, y, ahora qué; Yvonne, ¡te adoro!; Lolita: estuve con una Marilyn Diéguez en la escuela, jejeje – fuiste responsable de la recuperación de mis motivaciones para el reencuentro, ¡me encontraste!). Estoy convencida que no solo los quiero, ¡los amo! ¡Gracias! Feliz 2016, y a organizar el reencuentro de la estación seca. Amuy, ¿sigues con la casa en San José? Yo, también. Puede ser un fin de semana de interior… Lo dicho: ¡los amo!

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Hoy fue un día especial

Muchas gracias a todos por el intercambio nutrido de hoy; por los recuerdos compartidos; por las imágenes de vuestros arreglos navideños en casa; por el villancico whatsappeado; por esa hermosa foto de madre e hija en París; por ese mensaje real de lo que le ha ocurrido a niños en el planeta; por la disposición a seguir compartiendo; por todo lo que fueron, son y seguirán siendo en nuestras vidas. Hoy, he sentido de ser alumna de Yara para aprender a armar una Villa tan hermosa como la suya; ser la redactora de la historia de Diny; emprender, definitivamente, la escritura de un relato testimonial con las vivencias de mis hermanos, amigos y compañeros no sólo del 20 de diciembre 1989, sino de la crisis desde 1987, teniendo como una de las tesis la expuesta por un querido amigo, que este año murió, y dice: Panamá funciona con o sin gobernantes, funciona con la voluntad de un pueblo… Sentí deseos de ir a tomar un plato de sopa criolla al restaurante de Eduardo (perdón a nuestro chef, las sopas son mis platos favoritos, más aún si tienen ese sabor inconfundible que les da el ajo, la cebolla, el culantro y el ají criollo); sacar fotos a la Villa navideña de Yara; tertuliar un poco con una copa de vino en mano y algunos quesos en la mesa en casa de Yara; llevarles los libros a Cynthia y Yogui; estar en cálido París aunque estemos en invierno y sea más bien la gélida París… Darle un abrazo a cada uno (Cecilia, Eunice, Amuy, Mayanin, Mayito, Gaspar, Rosa, Yvonne, Diny, Yogui, Yara, Polo, Eracles, TODOS, TODOS); «quitarme el sombrero» ante Diny y Yogui, con una ligera inclinación de piernas, héroes anónimos hace 25 años…, igual a Polo… En fin, que hoy se mezclaron muchas emociones y deseos… Hoy, ha sido ese día especial que tocaba ser… Gracias. Los amo!!!

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Recuerdos con olor…

Hay olores que… ¡te traen recuerdos!

«Me recordó la portaviandas de cuando niñas nos llevaba mi papá. La de tajadas maduras. La señora que nos hacía la comida.

Mi papá recogía la comida así como los picapiedras. Mi mamá, solo los fines de semana y ya.»

Aura R. B.

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Un sinsentido adimensional

Delgada y vivaz se desplaza entre saltos en medio de un campo, más bien un potrero, con hierba alta y seca, en tonos amarillentos y marrones salidos de una pintura de van Gogh; son gramíneas de hojas lanceoladas, filosas y cortantes.

Avanza el verano; su piel reverbera bajo los rayos del sol. La hierba alcanza sus rodillas, incluso llega poco más arriba. Se mueve sin sentir las finas cortadas que laceran su piel descubierta; el deseo de encontrarlo da vigor a sus movimientos.

Al fondo -carente de bosque galería- corren las aguas cristalinas y frías del río Cobre, de amplio cauce y lecho pedregoso, cuyas tonalidades hacen honor al nombre recibido. Pequeñas caídas, de tramo en tramo, forman rápidos que dejan escuchar el chasquido de piedras rodadas, transportadas por la corriente, cuando golpean contra las rocas que sobresalen desde el fondo. Los sonidos agudos, crujientes, dan cuenta del agua que se desplaza velozmente en una única dirección. La niña está distante de su orilla más próxima. Esa niña, por alguna razón que ignoro, se me asemeja.

En la lejanía se recorta una figura conocida. Se te parece; sé que eres tú. Nos topamos; iba a tu encuentro. Hablamos -no sé de qué; nos agarramos de las manos y echamos a correr. Entre risas y tropiezos; caídas y nuevas puestas en pie continuamos avanzando. La hierba seca sigue hiriendo nuestra piel, pero proseguimos, sin soltarnos, mirando de cuando en cuando hacia atrás; nuestros rastros se pierden en esa hierba seca, cortante.

El río ruge; empieza a lloviznar; la tormenta viene bajando desde las montañas cercanas, en pleno cierre del verano. Es inusual, más no pienso en ello; me gusta la lluvia, quiero beber del agua que cae; empiezo a danzar sin que nuestras manos se suelten. Te miro, nos miramos; quedamos abrazados, empapados por el agua que lava nuestros pensamientos reduciéndonos a un manojo de emociones que no requieren de explicaciones. Reposo mi cabeza en tu hombro; eres más alto, fuerte. Habla la naturaleza dándose paso entre la inocencia y la ternura. La fogosidad emana desde lo profundo de las células; está allí; siempre ha estado. Tu cabello, del color de la hierba seca, pincha igual. Huele a mar.

El tiempo se detiene y nos contiene como una cápsula sin límites. Los párpados descienden sobre las bóvedas de cuatro pupilas y los labios se entreabren en un balbuceo incoherente. El abrazo se hace más estrecho; y en el silencio sobrecogedor que un objeto venido desde lo alto impone, solo escuchamos los latidos acompasados de nuestros corazones en sincronía con nuestros cerebros. Estos responden sin necesidad de pronunciar vocablos.

Figuras atemporales que brotan, se traslapan y entrecortan en un imaginario virtual. Parecen recientes, como si hubiesen existido en esta dimensión y expresión corpórea del alma. Es un sinsentido recurrente desde que reapareciste en este plano de universos infinitos; espacio y tiempo continuo en donde nuestra historia hoza repetirse.

Me gusta pensar en el infinito como una inmensa masa amorfa de chocolate donde nuestras almas se sumergen, buscándose y encontrándose una y otra vez.

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El amor en tiempos de Covid

¡El amor en tiempos de Covid! Cualquier semejanza con El amor en tiempos del cólera es una mera coincidencia de cuatro palabras y ninguno o poco afán en comparar este breve escrito con tan magna obra. Este nace de la observación, durante poco menos de un año de pandemia y varios episodios de cuarentena absoluta, toques de queda, cuarentenas parciales, restricciones de acceso a espacios públicos al aire libre como parques, ríos y playas, por mencionar algunos, de lo que ocurre a lo interno de las familias. No pretende describir alguna situación en particular; solo referir ciertas analogías.

«El amor nunca muere de muerte natural. Muere porque no sabemos cómo reponer su fuente. Muere de ceguera, errores y traiciones. Muere de enfermedad y heridas. Muere de cansancio, de marchitaciones, de deslustres»

Anaïs Nin

Pareciera que las relaciones de pareja y familiares han sido víctimas del Sars Cov-2, y padecen, también, de algo similar a la Covid-19. Algunas, con factores de riesgos por afecciones anteriores, perecen ante complicaciones múltiples y tratamientos improvisados.

Otras, con afecciones no aparentes y desconocimiento temprano de los síntomas de la infestación, han quedado sin capacidad de reaccionar a tiempo para detener el efecto devastador del virus; desarrollan síntomas más peligrosos y severos, y han recibido tratamientos no validados.

Algunas más, por el encerramiento y los tratamientos inadecuados, también sucumben a la pandemia; sus lazos y entramado apocalíptico han quedado tirados en el mundo del Nunca Jamás. La tristeza ha embargado de tal forma a alguna de las partes que ni dos centavos han ofrecido por sus vidas; circulan rumores y noticias que hablan de suicidios en la soledad de una bañera.

Varias de las que han logrado sobrevivir, después de semanas enteras de hospitalización (encierro, pérdidas de empleo, empobrecimiento, desesperanza, miedo y tristeza), presentan secuelas que, en el mejor de los casos, tomarán un buen tiempo en ser superadas.

Una “nueva normalidad” se vislumbra lejana, e impensable aún la vacuna que proteja a las supervivientes.

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MOT

Esta entrada presenta a MOT: el gato bicolor que llegó a la Casa Roja en medio de la pandemia. Cuando lo descubrimos lo primero que vino a nuestras mentes es que estaba perdido; quién sabía de dónde vendría. Sus dueños deberían estar desesperados buscándolo.

Movimientos Telúricos Organizados: MOT.

El 30 de junio del año que recién terminó nos dimos cuenta que había aparecido un nuevo gato en el patio de casa. Mi hija lo veía hermoso y bien alimentado; un maullador exigiendo mimos. A mí me pareció desgarbado y famélico. Quizá tenía hambre de caricias, cuidados y atenciones.

Mot, estirándose después de una siesta.

Ese mismo día ella lo acarició un poco y, en consecuencia, quedó instalado -de inmediato- en la cocina. Al día siguiente colocó anuncios y envió fotos en los chats comunitarios y de amigos tratando de reintegrarlo a su hogar. Hubo un par de reacciones, intercambios de fotos, para quedar -finalmente- sin dueño que le reclamase.

Mot, en su sitio elegido para pasar la noche. Entre los gatos existe una jerarquía que ellos establecen, reconocen y hacen respetar.

¡Quién sabe por qué razón lo abandonaron sus dueños! Las mascotas también han sufrido durante esta pandemia. Muchos titulares de diarios locales e internacionales abordan el tema. Son numerosos los casos de abandono y maltrato animal en medio de la cuarentena establecida por la pandemia causada por el Sars-Cov-2.

Mot (izquierda) y Óreo (derecha)

Un día entre maullidos de susto o miedo, nos dimos cuenta de su llegada. Estaba encima del techo del área de los tanques de gas. Al hablarle, se movió y se quedó sobre la nevera que estaba afuera.

Le acercaba la mano y la olía. Pero sus maullidos eran lastimeros. A saber cuánto tiempo había estado deambulando hasta llegar a la Casa Roja. Entraba a la cocina cuando estaba abierta y se sentaba tranquilo. Sol, el gato amarillo con blanco, también entraba y se quedaba a cierta distancia, como celoso o desconfiando de ese nuevo gato que se acomodó con tanta facilidad.

Mot se ha dejado agarrar desde el primer día que decidió podía confiar en nosotros. En cierta ocasión, al agarrarlo se quejó. Después de unos días con ese quejido, lo llevé al veterinario. Le hicieron una placa donde se observaba una inflamación en su omóplato izquierdo, seguramente producto de algún golpe directo recibido (¿una patada?)

Así que desde ese día, Mot pasó a dormir dentro de la casa para recibir sus masajes y medicación.

Pero sí, sabe cómo exigir sus salidas al exterior. Aunque se siente cómodo en la cocina aún estando cerrada y solo él en ella.

Marilyn M. Ho Diéguez, comunicación personal (2-01-2021)

Mot es un gato de casa, sin dudas. Pareciera haber habitado alguna casa de nuestra barriada. Conoce su distribución, las entradas y salidas principales. El área de la cocina y los dominios del patio, no le son extraños. Mas bien se siente y mueve cómodamente entre ellos.

Mot, detrás de la puerta que da al pasillo, cada mañana, en cuanto siente movimientos del «otro lado».

En las mañanas bate y rasca la puerta del pasillo, queriendo que se le abra la de la cocina para salir al patio. Sus rasgueos a la puerta y su insistencia por salir empiezan en cuanto percibe movimientos, así sea mi tos o conversaciones tenues, del otro lado del pasillo, dentro de las habitaciones.

Se aposta a maullar y «rasguea» la puerta cual cuerdas de guitarra para que se le permita salir al patio, por y desde la puerta de la cocina.

Él pareciera saber, desde que amanece, lo que quiere y necesita hacer cada mañana -que no implican sus necesidades vitales, sí sus garbeos-, y durante todo el día. Aunque yo piense y opine lo contrario.

Mot (en el suelo) y Óreo (sobre la mesa).

Desesperado quiere salir al patio por la puerta de la cocina y con tranquilidad entra por la puerta de la sala, poco después. Todo el día se la pasa queriendo salir cuando está adentro, y volviendo a entrar -al poco- una vez que está afuera.

Es un gato que, conociendo la soledad y el abandono, agradece la compañía. Percibo su felicidad cuando yo también estoy en el patio. Sin duda, cuando otros de la familia también están y él puede estar con ellos en sus recorridos. No se nos separa; parece un gato guardián.

Mot decide acercarse a la cámara siendo observado atentamente por Óreo que parece pensar: «¿te asalto o espero un poco más?»
Mot, por la posición de su cola nos dice que pretende o está esperando algo, quizá de nuestro acercamiento.

Es difícil establecer una edad aproximada para Mot. Por momentos pareciera ser un gato joven, pero su carácter es más sobrio y mesurado, lo que desconcierta y lo ubica en una edad de gato adulto.

Óreo es una gran trepadora de árboles.

Mot se mantiene curioso, a la vez cauteloso. Husmea por doquier, en cualquiera de las habitaciones de la casa que le son accesibles. Es imposible decir que sea un gato sedentario aunque el juego no sea su comportamiento más destacado. Óreo, otra gatita bicolor, que este año cumplirá dos años, logra sacudirlo de su sobriedad y ponerlo a jugar con ella. Lo pone a saltar y correr; no es tan mayor aún para jugar acostado.

Óreo. Sus incursiones son de corta duración. ¿Qué busca al trepar? ¡Quién sabe lo que habrá observado que la estimula a subir!

Óreo es la más joven de los gatos que nos acompañan en el presente, por ello es mucho más juguetona y traviesa, como otrora lo fue Zoe, la gatita atigrada que se creía ñeque y que puso a Pot a jugar. Parecieran tener acordado un horario de «retozos y juegos». Es su mejor amiga e intuye que para los gatos adultos el juego es muy importante; estimula su mente y su estado físico.

Mot en una de las cajas preferidas por todos, y para la cual se turnan.

Mot camina con elegancia y lentitud. Es cauteloso; evita la pelea cuerpo a cuerpo con otros gatos que habitan en el patio y la Casa Roja. Antes de salir por la cocina, mira a ambos lados y verifica que el camino le está despejado. Él pareciera estar de vuelta cuando aquellos van.

Les gusta jugar a pelear, mordisquearse, dar saltos de caza (se ocultan, avanzan agazapados y saltan una sobre el otro como si fueran presas a ser capturadas). También tienen su tiempo para acicalarse mutuamente y mantenerse acurrucados en las sillas o dentro de cajetas, que vienen a ser sus «estancias» favoritas.

Óreo y Mot, midiéndose, antes de lanzarse a un juego de manotazos.

Recientemente nos sorprendió haciendo escaladas y caminando sobre el filo del muro de más de dos metros de altura que construyeron unas cucarachas en el área del estacionamiento. Usó un árbol para escalar hasta aquel.

Mot nos recuerda a Ónix, nuestro gato romántico que murió hace unos años. Es un gato de pelaje blanco con negro, como Ónix, que posee unos ojazos y una mirada que derriten al corazón más duro.

Los ojazos de Mot. Ayudándome con la bolsa recién desocupada de tierra para la siembra.

También le gusta oler y husmear entre las flores, y “se purga” con la hierba de limón. Mot, similar a Ónix, es un gato tierno, contemplativo y mimoso. Volviendo a pensarlo, Mot es un gato de espíritu bohemio, libre, sin ataduras, amante de la dolce vita. Si pudiera vestirlo le pondría una boina de medio lado -así como las de un pintor-, corbatita de lazo, pantalón de pliegues con leontina, y colocaría, como toque extra, una pipa en pose de mordisquear.

Como a muchos, nos intriga el por qué si «los gatos son carnívoros, les gusta morder las hojas de las plantas». ¿Carnívoros? ¿Lo son realmente en la actualidad? Comen «bolitas» con sabores de distintos tipos de carne y también les encanta el atún, ¿pero carnívoros?

Mordisqueando la hierba de limón.

Volvamos a las hierbas. La respuesta más frecuente es que buscan purgarse. La naturaleza es tan sabia y ellos tan inteligentes que logran identificar por conocimientos ancestrales -codificados en sus genes- la existencia de plantas que les permiten provocarse el vómito. A través del vómito inducido eliminan bolas de pelo que se acumulan en sus estómagos después que se acicalan. También, eliminan los restos de alimentos ingeridos que no logran digerir con facilidad.

Un poco más estaría mejor.

Al verlo comer la hierba de limón sentí curiosidad por las propiedades de esta planta que en mi niñez era habitual en los desayunos en casa de la abuela, en forma de infusión de sabor exquisito. Wikipedia nos dice que la hierba de limón pertenece al género Cymbopogon, plantas de la familia Poaceae, con unas 55 especies originarias de las regiones cálidas y tropicales de Asia (https://es.wikipedia.org/wiki/Cymbopogon). Es un tipo de pasto perenne, al que le gusta el sol directo y temperaturas suaves, aunque la nuestra ha logrado sobrevivir en la semisombra.

En Panamá la conocemos como hierba de limón, mientras que en el resto de Centroamérica y México se le llama zacate. Muchas son las propiedades medicinales que se le reconocen a esta hierba, desde el siglo XVI.

No importa cuán alta esté, esa hoja es la que quiere. Ya probó las bajitas; ahora, a por las altas.

Varios estudios y sociedades, en el siglo XX, han contribuido a reconocer sus propiedades y recomendarla para diferentes dolencias. La Sociedad Farmacéutica de México reiteró su uso como antiespasmódico y eupéptico. ¿Cómo, de tantas plantas que hay en nuestro patio y jardín, Mot eligió esta?

Ya he mencionado que Mot, en ocasiones, nos parece un gato muy joven; otras, no tanto, más por su carácter que por su apariencia. Estaba castrado cuando llegó; famélico y conocedor de vivir con humanos. Fue muy fácil adecuarse a una nueva familia. Un gato mayor, ¿podría hacerlo con tanta facilidad? Por eso mi hipótesis de que fue abandonado por y durante la pandemia; personas que tal vez hubieron de abandonar el barrio.

La pandemia ha afectado a los humanos, y en consecuencia, también a sus mascotas. ¿Quién le escogió para él nuestra compañía o cómo llegó a la Casa Roja? Será una incógnita -con y por mucho- sin despejar. En poco más de seis meses que lleva con nosotros no se ha alejado ni ha intentado, al parecer, regresar al sitio de dónde vino. ¡Quién sabe cuánto tiempo estuvo buscando refugio!

MOT (Movimientos Orgánicos Telúricos), un día más, ha logrado sacarme de la habitación para que le abra la puerta de la cocina. Ya está en el patio. En breve, seguramente, ha de volver a entrar buscando su porción de comida. El desayuno gatuno se está haciendo esperar, nos ha de recordar.

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Mi carta a los Reyes 2021

Faltaban cuatro días para finalizar el 2020, entre expectativas esperanzadoras y el más profundo de los miedos, cuando empecé a revisar mis apuntes para la carta a los Reyes 2021. Hace cinco días me atrapó el tema del miedo y quedé escribiendo una entrada para mi blog (https://mapibudi.wordpress.com/2020/12/27/miedo-pandemico-o-risas-de-amor/). Procedo a eliminar lo que sobre la pandemia había incluido en aquel extenso preámbulo en mi carta a los Reyes 2021.

Hoy ya es 1 de enero del 2021. Me cuesta avanzar del primer párrafo; la premura me limita. ¡Solo faltan cuatro días!

Retomo. Mis amados Reyes, por novena vez de manera ininterrumpida, os escribo y me plagio en lugar de pensar en una nueva manera de decir: «No me creáis nada, siempre dudéis de aquello que os digo», mas habéis de saber que os digo lo que siento y lo que pienso, convencida que vosotros sois yo. Es así como sois mis voces, esas que pululan en mi interior creando un debate interno capaz de los mayores logros y, al mismo tiempo, de los más grandes estancamientos. Sin embargo, la experiencia me ha demostrado que al poner negro sobre blanco organizo y ordeno mis ideas, visibilizo mis sentires, pensares y quereres con la certeza que ello me permitirá establecer metas objetivas y profundas llevándome a dónde realmente deseo llegar. Sí, me plagio en lo anterior y en muchas otras partes de esta carta. Los anhelos se mantienen; los propósitos se fortalecen; los proyectos tienen continuidad; y a los avances, se les da seguimiento.

Pero insisto: no me creáis nada; escribo para mí sobre mis propósitos invocándolos para el año que recién ha iniciado. Me reafirmo en la representación de que el Universo escucha mis deseos y los transforma en realidad. Tomo conciencia que poseo la capacidad de sentirlos, pensarlos, escribirlos o hablarlos y, de forma creativa, concretarlos mediante la instauración de metas inteligentes, realistas; aceptando que haré mi mejor esfuerzo y pondré mi mejor empeño con un único propósito: ser feliz y compartir esa felicidad. Felicidad en lograr ser cada día mi mejor versión; felicidad en el aprendizaje; felicidad en la ausencia o el manejo oportuno del sufrimiento. «El dolor es inevitable, el sufrimiento, opcional». Acepto, anticipadamente, que aquello que alcance será lo mejor que, con mis recursos, habilidades, destrezas y comprensión pueda obtener, trabajando con ahínco, constancia, perseverancia, reconocimiento de mis limitaciones y potencialidades, humildad y amor.

Como cada día, y de manera especial, al finalizar el año 2020 -que como todo año bisiesto vino cargado de retos y eventos potencialmente catastróficos- he recordado con amor y nostalgia a todos los que están lejos, deseando verlos pronto, abrazarlos, hablarles de cerca y, en algún momento próximo, volver a verlos y compartir con ellos, mi familia extendida, mis amigos y colegas. También, un momento especial en nuestras reflexiones lo tienen los que partieron por delante: mis padres, mi abuela Magdalena, mis abuelos Francisco y Joaquina; mamá Rosina (Ita) Burgos; otros familiares y varios amigos.

El tiempo no se detiene y las esperanzas se conjugan con los sueños para hacernos imaginar un mejor mañana. Ha llegado el 2021 imparable, como cada nuevo año; más esperado que cualquier otro para los que vivimos en este siglo. He recibido muchos mensajes alusivos a las festividades de fin de año, como antes, como siempre, con variopintos contenidos. Me quedo con uno como referente al año que termina: “Que en el 2021 volvamos a abrazarnos”. Mas repito uno del 2020 que sigue siendo muy válido en cuanto a su contenido: “Cuenta una leyenda que, a veces, la vida se encarga de romper los planes porque es el modo de que salgan bien”.

En esta ocasión quiero brindar con otro de los mensajes recibidos: “Por lo que ayer dolió y hoy superé [o estoy superando]. Por los que supieron dejar una huella en mi vida y no una cicatriz [aunque también por los que dejaron cicatrices dolientes y aquellos que me ayudaron a abrirlas para sanarlas correctamente]. Por los viejos tiempos y sus grandes momentos. Por lo que se fue y por lo que está y por lo que vendrá. Por los que partieron, pero están en mi corazón. Por las bendiciones recibidas y las lecciones aprendidas”: ¡hoy brindo!

La última luna llena del 2020, «la luna de hielo», fue el 29 de diciembre; a su vez, la primera del invierno en el hemisferio norte. La segunda luna nueva después del Solsticio de Invierno (21 de diciembre 2020) ocurrirá el 13 de enero. La primera luna llena del 2021 será el 28 de enero, en consecuencia, la celebración del año nuevo en China, llamado también el Festival de la Primavera, será del 11 al 17 de febrero. Esta es su festividad más importante, con una celebración que dura siete días.

Es enigmática la duración de siete días; el número siete es mágico. Cuando cumplía siete años nació uno de mis hermanos; fue mi regalo de cumpleaños. El dígito siete, desde la antigüedad, recluyó un halo misterioso. Según referencias consultadas, «para Pitágoras era el número perfecto, Alighieri lo usaba en sus obras y la Biblia lo menciona con frecuencia. ¿Qué secreto oculta? De las siete maravillas a los siete pecados capitales, las claves de una cifra que tiene poder en sí misma.» ¿Por qué las festividades de año nuevo chino comprenden siete días? ¿Por qué entre Navidad y el inicio del año de nuestro calendario Gregoriano hay siete días? ¿Será porque entre cada fase lunar hay poco más de siete días? ¿Tendrá la duración de las fases lunares algo que ver con la magia de este número? Cada una de las cuatro fases principales de la luna dura aproximadamente 7,4 días.

Según el horóscopo chino, el año pasado inició un nuevo ciclo astral con la Rata de Metal. Percibo que el usar a la rata como animal para personificar a políticos de baja calaña, peores instintos y corruptos, sin medida ni control, nos pasó factura. Ojo con lo que pensamos, decimos y usamos. ¡El Universo nos escucha!

A partir del 12 de febrero de 2021 y hasta el 31 de enero de 2022 regirá el Buey de oro, segundo animal en el ciclo astral chino. Dicen, quienes se ocupan de hacer predicciones, que este animal representa el orden, la disciplina, el esfuerzo, el trabajo y los cambios sistemáticos que seguirá atravesando el planeta. “Viene un tiempo que vamos a regresar a la naturaleza, a la familia, a las pequeñas cosas de la vida y también regresaremos a una austeridad” (https://elcomercio.pe/respuestas/horoscopo-chino-2021-predicciones-ano-nuevo-buey-de-metal-bufalo-salud-dinero-amor-nnda-nnlt-noticia/). Mi signo, “Cabra o Cordero”, en el calendario chino, es contrario al Búfalo, pero igual se predicen muchas oportunidades; cierre de ciclos, al tiempo que se abrirán otras puertas y se verán nuevos lugares. Se pinta como un año creativo y estético. Muy bien para mí.

Queridos Reyes Magos: ¡sois mágicos, estáis en mí, sois yo! Me agradezco por lo vivido, descubierto y aprendido. He dado pasos importantes en la aceptación de todas mis facetas, mi ego y mi sombra -a la que conozco y comprendo mejor cada día, dándole la libertad que merece para ser y existir. Me reconozco como una incesante aprendiz con un apetito insaciable en búsqueda de conocimientos y experiencias que le permitan validar su filosofía de vida.

Reconozco en mí la existencia de un espíritu incansable, valiente e indomable que mora dentro de una valija de huesos y músculos, arterias y venas, órganos y tejidos, masa y energía, bajo la forma de figura humana femenina que porta mi nombre. Un espíritu agradecido por la oportunidad de un día más, de un año más, de un lapso adicional con innumerables oportunidades para reencontrarse y remontarse a sí misma, y ser feliz.

Agradezco, como en ocasiones anteriores, e invoco la paz, la prosperidad, el bienestar y al amor para el año que inicia. Reitero, enmarco mi carta a vosotros con el convencimiento que estáis dentro de mí y que sois, en uno, yo misma. Coincido y acepto que no es el 2021 el que debe ser diferente ni mejor: soy yo, está en mí.

Retomo, entonces, las preguntas que me permitieron definir en años anteriores ¿qué quiero? ¿Qué necesito? ¿Cómo he de vivir? ¿Qué es negociable y qué no lo es?

Un proyecto de vida

Ya os he contado en ocasiones anteriores que soy un espíritu de “ideas fijas” y que suelo tener metas que pueden tomar su tiempo, quizá mucho tiempo, pero persevero y las alcanzo; para emprender otras nuevas. Una de esas ideas, es la remodelación de la 1980, que incluye un segundo piso como vivienda para mi hija, a su coste, y que debe concretarse en este 2021. Cuando ya no esté, que espero aún falte mucho para ello, cada uno de mis hijos podrá disponer de casa propia en una misma locación, o lo que quieran hacer con ella; es parte del patrimonio familiar al cual con amor contribuimos. El proyecto ha avanzado -con todo y pandemia- y confío que se concrete y concluya en el 2021.

Quiero, una vez más

Disfrutar de los viajes planificados y los que vayan saliendo; un poco de entropía “controlable”, pero desbordante. Os repito: no me creáis, es mi deseo, nada escrito en piedra, pero sí aquí y en este momento. Estados Unidos: Victor en Colorado, Indianápolis, algún crucero de Disney, Miami, Las Vegas, New York. España: Carballal, A Rúa, Freixido, Madrid, Alpedrete de la Sierra, Cerdanyola del Vallès, algún lugar nevado; Marruecos; Rumanía: Bucarest, Sinaia, Slanic Moldova, Brasov. Argentina: donde Daniel Hugo, en Rosario, a Bariloche y la Tierra de Fuego. China, Japón y Oriente. África: el Kilimanjaro, las cataratas Victoria. Australia; la vuelta alrededor del mundo en varios meses. ¡Tantos sitios por visitar, tantos lugares por conocer, tantas experiencias por vivir, tantos momentos por compartir! No me creáis, son tres al año, quizá pueda lograr algunos más. En el 2020, fueron Lima y Cuzco (con todos sus principales atractivos), en Perú, y Miami (Estados Unidos). No alcance la meta, pero valieron por mil, por la compañía, por los reencuentros, por el amor.

Para cuando las condiciones nos lo permitan, anoto la idea de concretar una reunión de los Diéguez de Panamá. ¿Por qué no? También otra, la segunda, de los descendientes de Magdalena Pinto; ir a Monte Grande. La familia crece y es necesario que se conozca y reconozca. Repetir los encuentros con mis compañeros de secundaria y de los que estudiamos en Rumanía. Recuperar las actividades extracurriculares de UCA. La reunión familiar de fin de año en la Casa Rosa o en Mi Isla.

Mi hija ha hecho una propuesta para este 2021 en los grupos familiares. La ha llamado: el tarro de gratitud/agradecimiento. Consiste en tomar un tarro o frasco, decorarlo o identificarlo al gusto. “En él irás a depositar todos los días un papelito donde escribirás algo bueno que te haya pasado en ese día y el 31 de diciembre de 2021 lo abriremos para leer todo lo maravilloso que este año nos enseñó. ¿Aceptas el reto?» Acojo su propuesta con gratitud e ilusión. Comenzaré desde hoy, aunque no tenga decorado mi frasco. En esa fecha o el 25 de diciembre, en Llanos de Curundú o Mi Isla (San Carlos), abriremos los tarros y compartiremos nuestras alegrías. He extendido la invitación a mis amigos y compañeros de promoción de la secundaria. ¡Lo lograremos!

Reafirmo -un año más mi propósito, aún en desarrollo– de emprender nuevas tareas que me lleven a alcanzar otras metas. Quiero “crear” belleza, a través de diseños, juegos, innovaciones. Quiero desplegar la cartera de cursos en agua y electrónica, con ICHSA y BLSA; seguir en el desarrollo del plan de acción de BLSA, entre otras ideas que pululan por mi mente. Quiero seguir soñando y trabajando para la concreción del proyecto sobre el centro de día para adultos mayores y área recreativa en zonas factibles.

Me reafirmo, como cada año, en mi deseo de seguir escribiendo; mantener los blogs con entradas continuas, de forma permanente. Retomar disciplinadamente la escritura matutina de, al menos, tres páginas que inicié el 3 de noviembre 2016. Proseguir con la edición y publicación del último de los elementos de la saga de Historias negras de una pesadilla en gris; la historia de búsqueda de mis raíces en los pueblos de mis abuelos en Galicia; las historias de mis pueblos. Quiero reunir los escritos autobiográficos, darles forma a esas historias. ¡¡¡Quiero hacerlo y estoy más cerca de ello!!!

Mis proyectos de escritura más inmediatos:

1. Historia de mis ancestros (la búsqueda de mis raíces españolas). He llegado y andado en cada sitio de los cuales tenía información que mis abuelos habían estado hasta dar con sus pueblos en Galicia y tener, a este día, ubicados a familiares. Es una historia hermosa e increíble. Está avanzada, pero requiere la puntualización de su estructura. Con un familiar en España (más él que yo) hemos podido llegar a nuestros tatara-tatarabuelos y un poco más atrás. Quiero abordar el tema de las condiciones de vida de Galicia a finales del siglo XIX y primeras décadas del siglo XX, su vida en aquellos tiempos y su migración.

2. Antología culinaria, está avanzada también. Como regalo de bodas para mi hijo publiqué la obra Mis recetas para Natalie (2010) y una primera reimpresión (2018). Comprende recetas familiares y de amigos que empecé a anotar desde que él me lo pidió cuando tenía 6 años (“para que cuando sea mayor mi esposa me trate”). Ahora, esta segunda obra con temas de cocina trata de nuevas recetas, pero asociadas a la historia de amistad y amor que me une a quiénes me han invitado a su mesa. Sus historias sucintas de vida ligadas a la mía. Soy convencida que el fuego, por su capacidad de reunirnos para protegernos, pero sobretodo para preparar y degustar los alimentos, es el responsable de la socialización de nuestra especie y los saltos cualitativos en su evolución. De allí el “tributo” a las comidas y a quiénes se placen preparándolas, ofreciéndolas, y a quienes amo.

3. La tercera obra de la saga “Historias negras de una pesadilla en gris” (aún sin nombre decidido), continuidad de “Sexo tercerizado” y “Los silencios del espejo” publicadas en 2019 y 2020, respectivamente. Es una historia triangular, de lazos de amor desgarrados por infidelidades. Está muy avanzada, casi lista; la desmadejé en un momento dado complicándola en su versión final.

4. Historias o compilaciones de relatos de nuestros pueblos. Historias sueltas, con inicio y casi final, que se remontan a muchos años atrás, propias y de amigos que las han compartido conmigo a sabiendas que las compilaré, editaré, reinventaré y publicaré. Los escritores nos apropiamos, aún sin permiso, de aquello que nos es contado, leí en algún lugar.

He de tomar en propiedad lo que dice el horóscopo chino para la Cabra en este año del Buey, “se pinta como un año creativo y estético”. A lo anterior he de sumarle las palabras recientes de mi amiga Dalis que siguen haciendo eco en mi ánimo: “Eres una escritora muy especial. Pareciera que te salen las palabras con la fluidez del agua bajando en el río: plácidas, tranquilas y a veces turbulentas”, y tendré el cóctel perfecto. Este año será el ideal para finalizar varias de estas obras. Seguir pintando mándalas e incursionar en otras técnicas de pintura. ¿Por qué no?

Quiero, cada mañana, celebrar el nuevo amanecer, y al finalizar el día, cada atardecer; el sol en sus salidas y ocasos; la lluvia cuando cae, los truenos y relámpagos que estremecen la tierra, que embellecen la atmósfera y nutren los suelos. El cielo, las estrellas, la luna en sus diferentes fases, el movimiento de las olas y las corrientes del mar, y el fluir de los ríos; disfrutar la compañía de mis hijos -sus parejas-, y mis nietos; mis amores, mi familia extendida; los amigos, mis compañeros; las clases y mis estudiantes quienes son, a la vez, mis maestros.

Quiero dejar de luchar contra mí misma, renunciando a la necesidad de la aprobación externa. Quiero ser mi propia y única crítica a sabiendas de lo que soy, sin importar lo que los demás piensen o digan que parezco o debo ser. Quiero lograr mi libertad interior preservando mi ser, mi conciencia, mi espacio íntimo. Quiero fortalecer todo aquello que me hace sentir humana y vulnerable; exquisitamente humana. Amar y defender a los gatos que viven en nuestro patio, a la naturaleza que nos rodea; recordar a Ónix como el mayor de los amores recientes y agradecer. Quiero respetar la vida, dignificando la mía.

¿Qué necesito?

Continuar en la sanación de mis relaciones de manera tal que fortalezca mi vivir en caminos de respeto, trato digno, lealtad, confianza, amor, felicidad. Disfrutar de cada idea, momento, acción, tarea, esfuerzo y logro alcanzado. De cada inhalación, de cada exhalación; de cada bocanada de aire fresco que entra a mis pulmones, de todo el que sale. Recrearme en cada gota de lluvia, en cada atardecer que selle mi jornada, y en todo amanecer que irradie mi despertar. En cada aleteo de algún ave, del revoloteo de las mariposas, de los ojos atentos de los gatos al mirar, del suspiro del viento cuando acaricia mi piel. Hacer todo lo anterior sin dudas, sin incertidumbres, sin sobresaltos. O, llevándolos al mínimo, manteniendo la flexibilidad, como la espiga que se yergue después que es remecida por el viento.

Dar vuelta a la página y empezar de cero. Vivir plenamente el presente, disfrutar cada momento vivido; aún los entrópicos. Soltar la carga de emociones tóxicas; la penosa tarea de emitir juicios. Evitar que los juicios de los demás me afecten. Reconocer e internalizar que todo es neutro y que son mis creencias e interpretaciones las que enjuician, liberan o condenan.

Mantener el hogar acogedor; que atrape, retenga, convoque. La “Casa Roja”. Delegar la limpieza de la parte posterior del patio; recolocar la cerca de protección; recuperar el canal de drenaje como un elemento paisajístico de valor; ajardinarlo. Fortalecer la habilitación del espacio físico como área de trabajo alternativo, espacio de ocio productivo, alegre, divertido.

Repito: no me creáis, pero lo siguiente es un deseo verdadero. Quiero realizar ejercicios físicos y deporte, fortalecer los esquemas de una alimentación ordenada y saludable, y amar. Amarme y amar todo lo que me rodea y hago; hacer las cosas con amor. Seguir siendo agradecida con la vida que he elegido vivir.

Dedicar un mínimo de diez minutos al silencio interno, sintiendo mi corazón, mis sentimientos y mis pensamientos. Abrazar la soledad sin sentirme vacía en ella, entendiendo que al estar conmigo misma nunca estaré desierta.

Aprender “a SER FELIZ a pesar de los problemas, de los desafíos, de las incomprensiones y de los demás. Porque la felicidad es un estado de ánimo, una forma de caminar por la vida y esa [quiero] que sea mi elección. Por tanto, declaro que no espero nada, no le tengo miedo a nada, soy libre para ser feliz.”

¿Cómo he de vivir?

Me pregunto si debiese fundar mi YO, S.A., o si ya existe. Más allá de mi voluntad para fundarlo por la necesidad de rescatar y mantener mi propio ser. Sin arrepentimientos; “si volviera a nacer haría lo mismo, con algunas correcciones específicas.”

He de vivir con el mismo valor y coraje para envejecer sin asustarme, más bien con alegría porque cada día es una nueva oportunidad para innovar y hacer cosas; y cada amanecer, para concretar lo pendiente. Siempre he defendido la tesis que la edad es un número, y vivo en consecuencia con esa convicción; sin asustarme con “las arrugas de la edad”. He de seguir abrazando la idea del envejecimiento con dignidad. Seguir mirando cada arruga como una medalla al mérito por cada año vivido. “Nunca me he hecho una cirugía de rostro para verme más joven, ni de senos para agrandar las tetas, ni de trasero para agrandar las nalgas, ni soñé con tener la figura torneada de una actriz famosa.” La realidad nos muestra la riqueza y profundidad del ayer frente a lo frágil del mañana. Entiendo que no se envejece por cumplir años, “sino que se deja de vivir cuando se abandonan los ideales, los sueños y las esperanzas.” Cuando nos invade el cuestionamiento del para qué o el por qué vivir.

Tengo cicatrices en mi cuerpo, “las que me ha dado la vida: las que me hice de pequeña (…)” cuando trepé el árbol de naranja tratando de alcanzar las frutas que estaban en lo alto teniendo otras a niveles más bajos, al alcance de mi mano. Aquellas que me hice cuando huía del azote usado por abuela, saltando cercas por alguna travesura o malacrianza cometida; al pisar alambre púa o enterrarme algún clavo en el patio jugando con mis hermanos y primos durante nuestras vacaciones en casa de abuela. Tengo, también, una en la muñeca de mi mano derecha que me hice con una lata de tuna al tratar de abrirla con un cuchillo, y las de los nacimientos de mis hijos.

Fortalezco la idea de vivir conociendo a profundidad mi cuerpo, escuchando su sabiduría. Procurar entender sus señales que hablan de comodidad o incomodidad, para actuar en consecuencia, atendiéndolo. Aceptar que la enfermedad es un síntoma, no un mal en sí; un mecanismo a través del cual nuestro cerebro nos alerta que algo está mal en nuestro diario vivir.

Agradezco los avances en ese mi aprendizaje frente al espejo, que empieza a dar sus frutos. Se debilitan, paulatinamente, aquellos programas instalados desde temprana edad que hablaban de una fealdad física, constatada años más tarde que no era tal. Sus improntas ya no parecen insalvables. Aunque, al final, agradezco lo vivido bajo ese foco porque, en última instancia, estimuló mi cerebro y mi conciencia hacia aspectos más poderosos que la belleza física y su culto.

Quiero seguir trabajando en el conocimiento de mí misma, en mi aceptación como soy y, sobre todo, en amarme. “Tengo los años que me permiten mirar la vida con una perspectiva diferente, con calma y serenidad, sin perder el interés de seguir creciendo espiritualmente”. Sin embargo, intelectual y éticamente aún hay lastre en mi interior que no trata sobre mi flotabilidad, sino de mi incapacidad o limitaciones para el despegue. Reconozco, como lo hizo mi amiga Mariblanca antes que yo, “que en este momento soy lo más vieja que puedo ser y lo más joven que nunca (jamás) volveré a ser.” O como me dijo, en alguna oportunidad, un querido amigo: un fino lienzo cuya edad lo hace aún más valioso y delicado; elementos a tener presente para quien se atreva a trazar pinceladas en él.

Acepto que soy una mujer privilegiada y, por tanto, estoy dispuesta a seguir viviendo intensamente los años que vendrán. Sé que tengo la fuerza, la paciencia y la pasión para alcanzar, si no las estrellas, cualquier meta terrenal que me proponga.

Mis mejores maestros, en adición a mis hijos y ahora mis nietos, son mis estudiantes, de cualquier carrera y de todos los años; desde los que inician un primer año hasta los que están en su primera, segunda y hasta quinta maestría. A pesar de la edad, que he considerado siempre –aun cuando no había llegado a las tres décadas– un simple número, sigo teniendo estudiantes –de ambos sexos– un tanto mayores que yo; aún en grupos de estudiantes más jóvenes que todos los anteriores (Millennial Generation). Es una combinación explosiva y al mismo tiempo relajante, de crecimiento constante. Energizan; me someten a pruebas cada vez que entró a una sesión de clases. ¿Cómo ajustar lo que sé y quiero transmitir a lo que ellos saben y quieren aprender? ¿Cómo logramos sintonizar nuestras señales sobre unas mismas pistas y canales de transmisión-recepción? ¿Cómo lograr que reaccionen, que descubran, acepten y defiendan sus derechos, reconozcan el valor del tiempo y su inversión al estar dentro de un salón de clases; su costo de oportunidad? ¿El cómo ser y mantenerse libres gracias a la educación? La educación y el escepticismo como leales compañeras en su viaje y tránsito por la vida.

El proceso de enseñanza-aprendizaje a través de medios y técnicas virtuales ha representado un reto y ha ofrecido nuevas oportunidades. Cierto que los tiempos de dedicación directa no se ajustan a los establecidos formalmente en una organización docente. Van mucho más allá, pero vamos aprendiendo, vamos ajustando. Cuán real es la expresión de Darwin: no solo sobreviviremos a las condiciones actuales, sino que también disfrutaremos la nueva forma de desarrollar el proceso de enseñanza-aprendizaje e interactuar con nuestros estudiantes, por nuestra capacidad de adaptarnos a los cambios más que por nuestra inteligencia y fuerza.

En esta pandemia nos hemos redescubierto. No solo tenemos, como sistema biológico, la propiedad del equilibrio dinámico si no que también somos resilientes. Claro está: hasta la aplicación de cierto nivel de fuerza, carga o presión. Y podemos «rompernos» (caer), pero también poseemos otro límite que supera al de resiliencia que es el de «tenacidad». A partir de allí se aplica el de equilibrio dinámico: nos recuperaremos, pero nos moveremos hacia otro estado que tendrá otras características. Habrá cambios, y responderemos adecuadamente a ellos; nos adaptaremos y evolucionaremos.

Mis compañeros de Calidad de Agua son otros excelentes maestros. Logran mantener activo y alerta mi cerebro para los temas más variopintos que se nos puedan ocurrir. La vida es nuestro objeto y sujeto de intercambios informales, inolvidables y presentes. El amor, el respeto, la solidaridad, la tolerancia y la empatía son nuestras monedas de cambio. Fortaleceremos nuestra capacidad de celebrar, de reír, de compartir, aún en la distancia. Procuraremos el movimiento de mayor cantidad de sustancias de la felicidad en el interior de nuestros organismos, al tiempo de reducir la producción de aquellas generadas bajo la influencia del miedo, la tristeza y el estrés.

¿Qué es negociable y qué no lo es?

Negociables: espacios; destinos, frecuencias y períodos de viajes; emprendimientos en cuanto a tiempo y espacio.

No son negociables: deslealtades, engaños, invasión y anulación del ser, creación de dudas sobre lo que nuestros sentidos evidencian ante hechos objetivos.

Epílogo

Con mi nieto mayor, hace tres años, hicimos su carta de Reyes; tenía él cuatro años. Al finalizar de escribir lo que él iba “pidiendo”, me hizo una observación: su “mamá tiene en casa unos reyes magos de madera, pero no hablan”. Es cierto, le respondí. Los reyes magos se presentan en muchas formas. Los que hablan están en el Universo, desde donde nos escuchan. Son polvo de estrellas y están dentro de nosotros; con ellos hablamos. ¡He allí su magia!

Panamá, a 1 de enero de 2021.

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Miedo pandémico o risas de amor

Faltan cuatro días para que finalice el 2020 entre expectativas esperanzadoras y emociones exacerbadas de miedo, tristeza y culpabilidad. Somos víctimas del esfuerzo inhumano de manipulación y control de la población, por parte de quienes nos gobiernan, sobre la base del miedo y la culpa; del miedo y la tristeza; del miedo y la frustración; del miedo y la incertidumbre. El miedo que padecemos no surge para protegernos, estamos siendo controlados por él. Una sobredosis de alarmismo y fatalismo nos ha sido suministrada sin medida ni control, ni fase de experimentación. La desesperanza se apodera de las mentes y dirige las almas hacia el despeñadero de la impotencia. La incertidumbre nos aniquila. ¿Quién se beneficia con esta mezcla de alarmismo y fatalismo?

Sí, hay mucha incertidumbre, «un tipo de resfrío con potencial letal. Todo es como muy fuera de nuestro alcance o control, casi al azar: el contagio, cómo lo tomará tu cuerpo, a quién le podrías pegar eso. Hay mucho mucho fuera de nuestro control y eso aterra.» (Dorian Barría, comunicación personal, 28 diciembre 2020).

Además de hacernos sentir “culpables”, hemos de ser manejados a través del miedo. Culpables de contagiarnos y que otros se contagien a partir de nosotros; culpables de enfermar porque no hemos hecho lo suficiente para evitarlo; culpables por los descuidos inexistentes. Sí, somos culpables de que exista la Covid-19; culpables por el murciélago que fue usado en una sopa; culpables de las diversas teorías conspirativas que se manejan. Más culpables aún por salir a la calle a buscar el sustento que ha de poner un plato en la mesa -que de no hacerlo, por sí solo, no ha de llegar-; culpables, culpables, culpables.

¿A quién le conviene un pueblo con sentimientos de culpa y en estado de miedo, al borde del pánico? Un país en donde, además, los que se “cuidan a ultranza”, porque tienen cómo seguir alimentándose y hacer frente a sus compromisos financieros, terminan atacando a los que salen a la calle con razones válidas (buscar “los centavos”) o aparentemente sin ellas (todos tienen sus motivos y, aunque no los entendamos, son igualmente válidos).

¿Qué crees que la pandemia nos enseña a todos? Nos está enseñando prioridades y nos está mostrando una realidad. La realidad de la desigualdad. De cómo unas personas pasan la pandemia en un yate en el Caribe, y otra gente está pasando hambre.

Isabel Allende, 2020

Queda un enfrentamiento y muchos terminan haciendo el trabajo sucio que beneficia a los incompetentes y corruptos que nos gobiernan. ¿Podrá ser así? En los chats de los grupos de varias comunidades se han formado hilos enormes de opiniones encontradas (Dalis de Guillén; M. Maleny Ho Diéguez). Vecinos contra vecinos.

Soy de la opinión que querer poner la responsabilidad de lo que está pasando a este lado de acá (pueblo o populacho como nos quieran llamar) es parte de la estrategia de esos ineptos y corruptos para seguir manejando al pueblo. Elemento fundamental: ¡divide y vencerás! Pueblo contra pueblo.

También nos ha enseñado que somos una sola familia. Lo que le pasa a un ser humano en Wuhan, le pasa al planeta, nos pasa a todos. No hay esta idea tribal de que estamos separados del grupo y que podemos defender al grupo mientras el resto de la gente se friega. No hay murallas, no hay paredes que puedan separar a la gente.

Isabel Allende, 2020

Indiscutiblemente hay mucho miedo. Habría que buscar la manera de que la gente pueda manejar ese miedo -casi pánico- que se ha ido acrecentando -en cantidad y tiempo- con el encerramiento, las pérdidas crecientes de empleos, la tristeza, la incertidumbre, la miseria y el hambre, sin que falte la cerecita del pastel puesta por el estilo y contenido de las noticias. Hay tantas incongruencias que solo desconfianzas generan en los que toman decisiones y nos confinan. En Costa Rica no habrá cierres, empezará la vacunación el 24 de diciembre y hay muchos menos casos que acá. ¿Entonces? ¿Podría ser plausible que hay muchos que están lucrando de la pandemia?

“Panamá ocupa el quinto lugar en lo concerniente a la tasa de mortalidad, con un valor, actualizado al 26 de diciembre, de 90,95 por cada 100 000 habitantes. […] A todas luces, ello significa que las medidas de contención y de mitigación adoptadas por el MINSA han sido un rotundo fracaso. Esto era de esperarse porque se decidió apoyar, en forma prioritaria, a la empresa privada y a la banca. A los trabajadores despedidos y con contratos suspendidos se les ha proporcionado, casi a regañadientes, la ridícula suma de $ 100 mensuales que se pretende reducir a su mínima expresión a partir de enero de 2021.

¿Por qué era importante proporcionar una ayuda más sustancial a nuestro pueblo? Porque una familia promedio con padres desempleados no puede sobrevivir con la suma aportada por el gobierno. Por tanto, ha ocurrido que personas que son conscientes de que están contagiadas, salen a la calle a tratar de encontrar el sustento diario.

Es muy fácil culpar al pueblo por su falta de colaboración. Es cierto que ha habido inconsciencia por parte de algunos sectores de nuestro pueblo. Pero esto no es la generalidad ni justifica que el apoyo económico brindado por el gobierno, a nuestras clases necesitadas, haya sido tan exiguo. Y todo esto, sin tomar en consideración los numerosos casos de corrupción que se han presentado como, por ejemplo, el famoso hospital modular construido a un costo de, alrededor de 9 millones de dólares, con una capacidad de sólo 100 camas.”

Alfonso Pino Graell, 26 de diciembre 2020.

Estamos “odiándonos” entre nosotros, y eso solo provoca daño emocional y mental. ¿Por qué es tan difícil comprender que estamos bajo un esquema de “guerra” soterrada y que, en ambientes de guerra, la incertidumbre de no vivir mañana o no tener comida para poner sobre la mesa lleva a la gente a vivir desenfrenadamente como si fuera el último de sus días? Aún con “miedo” la gente saldrá a la calle porque no hacerlo compromete de peor manera su supervivencia. Y llegará el momento en que perderá el miedo y la reacción, en consecuencia, será impredecible e incontrolable. Ya se están dando señales de ello.

El miedo es bueno, pero en dosis pequeñas y cuando corresponde. Cuando no es así, hace mucho daño y puede comprometer hasta el sistema inmune como no lo haría siquiera el virus (Danilo Marín). Coincido con el hecho de tener miedo como una emoción normal e indispensable para la supervivencia. Lo que no se puede es estar bajo una activación permanente del estado de miedo. Las sustancias que se producen bajo la condición “de miedo permanente o prolongado” -mismas que nos protegen en condiciones de peligro- terminan haciendo daño al organismo. Nos estresan en grado superlativo, afectan nuestro cerebro y andamos desquiciados y fuera de control.

Fuente: desconocida. Meme circulando en redes sociales (recibido por WhatsApp).

Uno de los experimentos que hicimos en fisiología animal, cuando era estudiante de biología en la facultad de Biología de la Universidad de Bucarest (Rumanía), consistía en inyectar de las sustancias que se segregan bajo estímulos de miedo a sapos (por ejemplo, adrenalina) y ponerlos debajo de una cápsula grande de vidrio (varios grupos de estudiantes haciendo simultáneamente el mismo experimento de laboratorio). Diferentes dosis, “in crescendo”. El sapo quedaba sobreexcitado, pero excitadísimo: con el más leve roce que hiciéramos de la campana de vidrio o ligeros toques en la mesa daba estos saltos olímpicos que lo llevaban a darse fuertes golpes contra las paredes de la campana de vidrio, sin sentido, sin control. Sus ojos se fueron abriendo de tal manera que parecía que se fueran a salir de sus órbitas (eventualmente fue así hacia el final del experimento), y su desesperación y angustia eran más que conmovedoras, desesperantes. Desde luego que al final hubo de sacrificarlos. No había retorno.

La Facultad disponía de un vivero de ranas y sapos (no los extraíamos de la naturaleza). En cada laboratorio, y por todo un año, usábamos (cada estudiante) en los laboratorios de esta asignatura unos tres ejemplares por semana. Todo el funcionamiento de órganos y aparatos era vivenciado desde la ejecución de nuestras propias experiencias con estos animales (y otros “conejillos de laboratorios”). De hecho, en la facultad hay un monumento que le rinde homenaje a estos animales de experimentación.

Tener miedo es normal. Todos alguna vez hemos sentido miedo (Diomedes Bermúdez, comunicación personal), pero se nos está vendiendo ese miedo de tal manera que andamos por la calle como desquiciados.

El transporte público es caótico y sin alternativas. Tomar un taxi es horrible. Muchos con varios pasajeros; bajan unos, e inmediatamente suben otros. Sin ninguna limpieza entre los grupos que se solapan (Dalis de Guillén, comunicación personal). Es la desesperación, la angustia, lo incierto.

Queda fuera de debate que el miedo en exceso es malo; deja de cumplir su función en garantizar la supervivencia, y actúa en contra de quien lo padece sin control. El cerebro como órgano social que es se niega a aceptar que esa sea su realidad. ¿Por qué ha de enfermar y morir? Si no es por la Covid-19 será por la depresión que generan el miedo y la tristeza, víctima de la manipulación, la incompetencia y la corrupción.

Todos los años tenemos gripe estacional. La gripe estacional provoca gran cantidad de decesos (muertes respiratorias debido a influenza estacional), pero nos suele pasar desapercibida. Se habla que este año ha bajado la tasa de mortalidad debido a otras enfermedades. ¿A qué se debe? ¿Quizá a que muchas otras causas de defunciones están siendo registradas en el renglón de la Covid? ¿Se enmascaran a propósito, por incapacidad o negligencia? Es extraño que -de repente- tantos padecimientos crónicos o agudos, responsables de altas tasas de mortalidad, hayan disminuido. Al menos, genera algún tipo de duda y sospechas.

Fuente: https://www.who.int/influenza/surveillance_monitoring/bod/WHO-INFLUENZA-MortalityEstimate_sp.pdf

Toca recordar la importancia de mantener la calma, estar en paz y manejar el miedo. Celebrar la vida y aceptar las trascendencia de aquellos que se nos han adelantado. Expresar amor; reír; solidarizarnos con los demás. Proponernos descubrir en un viaje exploratorio a través de las culturas del mundo los secretos para la felicidad. Hemos aprendido el manejo de los ambientes virtuales. Usemoslo a nuestro favor.

“La felicidad es una palabra de nueve letras y siete mil millones de definiciones, una por cada persona del planeta” (Lonely Planet, 2011. HAPPY: Secretos para la felicidad a través de las culturas del mundo). Está demostrado que las experiencias brindan a largo plazo más felicidad que las posesiones. Aún en las condiciones presentes estamos en la capacidad de experimentar y saborear momentos felices. Las redes sociales abren un mundo de posibilidades. Las comunicaciones virtuales, tipo vídeo llamadas, nos conectan al instante con aquellos seres queridos que están distantes.

Las limitaciones representan retos para nuestra creatividad; los obstáculos, oportunidades. Podemos dedicar tiempo para honrar los lazos familiares; ser conscientes del momento presente; meditar; dar gracias; pedir por favor; ofrecer disculpas; bailar con el palo de una escoba; pintar mandalas; escuchar música; aprender. Todos los momentos presentes tienen elementos en donde encontrar armonía, paz, felicidad, amor; dar un sentido a la vida e intentar ser lo más felices posible. Mi sobrino Adrián, que en pocos meses será padre por primera vez, hizo una reunión familiar ampliada, de carácter virtual, para descubrir el sexo de su hijo. Fue una experiencia que generó esa emoción de alegría y felicidad que, aún pasado el tiempo, saboreamos con placer mientras esperamos la llegada del nuevo miembro de nuestra familia. Mi amiga Dalis me regaló plantones de plantas ornamentales que sembré y observó con amor, día a día, esperando el brote de nuevas hojas.

Hay que vencer el miedo, en primer lugar; mirarlo de frente, cara a cara y hablarle, con respeto, sin subestimar. Reconocer que sentir miedo es importante para nuestra supervivencia, pero no puede condicionar nuestro día a día. No tiene por qué afectar nuestra respiración y nuestra salud mental y emocional. Estamos en este mundo para ser felices y trascender en paz, expandiendo nuestra conciencia.

Tenemos una misión por cumplir en esta dimensión; estamos caminando por el sendero correcto para realizarla. Esta misión no es una función de los años de vida que tengamos. La confianza nos permitirá abrazar la idea de que estamos en forma para seguir trabajando en ella. Todos tenemos nuestro Ikigai; quien todavía no descubre «la razón por la que vivir» es que quizá no se ha esmerado en encontrarla. Hay que trabajar en ello y comprender que el ikigai puede cambiar con la edad, y representa «un vivir más y mejor».

Fuente: https://gestion.pe/tendencias/ikigai-concepto-japones-vivir-mejor-233231-noticia/?ref=gesr

Necesitamos más amor, tolerancia y empatía entre nosotros; necesitamos más risas. Necesitamos ejercicios de risoterapia; en verdad, reírnos de nosotros mismos. Más sustancias de la felicidad moviéndose en el interior de nuestro organismo; a la vez, reducir y mantener bajo control aquellas otras sustancias que se generan o secretan en demasía bajo la influencia del miedo y la tristeza.

Es fundamental mantener en alto el optimismo y hacer del miedo nuestro aliado, no “el” enemigo. Nos pertenece, no está por encima ni fuera de nosotros. Sigamos escuchando música, comiendo saludable, disfrutando de cada instante; pongámonos a escribir, dibujar, pintar; trabajar en títeres; hacer los títeres más divertidos que en este momento podamos hacer. ¡Riamos! Riamos a carcajadas; recuperemos el sentido del humor, celebremos los memes, los chistes; que nuestra risa sea ligera, cantarina, fácil. Que la alegría sea propicia para fortalecer nuestro sistema de defensa, nuestra capacidad inmunológica.

Fuente: desconocida. Meme compartido por WhatsApp.

Expresemos abiertamente el cariño y mantengamos en alto la confianza. Amemos sin reparos ni limitaciones. El amor es la fuerza más poderosa que mueve al mundo. Comprendamos: nadie podrá hacernos daño sin nuestro permiso y nuestro consentimiento. Hagamos de nuestras palabras bálsamos que alivien a los que sufren, a los que temen; que animen a fortalecer la confianza, la esperanza y la fe; que lleven a la recuperación. No tiene precio escuchar a alguien cercano decir: «Hoy sí que amanecí pero súper bien; sin la sensación de esa fatiga única. Encontré el olor más profundo de las cosas, unos sabores extraordinarios. No tengo cómo agradecer tantas atenciones y eso es lo que me hace sentir bien, sus consejos». Ese, su “aliento psicológico” (José Sandoval, comunicación personal).

Sigamos cuidándonos y sobretodo, mantengamos la paz y el buen ánimo en nuestras mentes y nuestros corazones. Evitemos rechazar al que ha padecido la enfermedad, y agradezcamos que se ha recuperado; extendamos nuestras manos y seamos uno, por el bien de todos.

Lo que la pandemia me ha enseñado es a soltar cosas, a darme cuenta de lo poco que necesito. No necesito comprar, no necesito más ropa, no necesito ir a ninguna parte, ni viajar. Me parece que tengo demasiado. Veo a mi alrededor y me digo para qué todo esto. Para qué necesito más de dos platos.

Después, darme cuenta de quiénes son los verdaderos amigos y la gente con la que quiero estar.

[…]

Los creadores, los artistas, los científicos, todos los jóvenes, muchísimas mujeres se están planteando una nueva normalidad. No quieren volver a lo que era normal. Se están planteando qué mundo queremos. Esa es la pregunta más importante de este momento. Ese sueño de un mundo diferente: para allá tenemos que ir.

Y reflexiono: Me di cuenta en algún momento de que uno viene al mundo a perderlo todo. Mientras más uno vive, más pierde. Vas perdiendo primero a tus padres, a gente a veces muy querida a tu alrededor, tus mascotas, los lugares y tus propias facultades también. No se puede vivir con temor, porque te hace imaginar lo que todavía no ha pasado y sufres el doble. Hay que relajarse un poco, tratar de gozar lo que tenemos y vivir en el presente.

Isabel Allende, 2020

—»¿Nueva normalidad? ¿Ese concepto ya te es familiar? “Nueva normalidad…” ¿Cómo se podrá describir la nueva etapa de vida que la humanidad tendrá que enfrentar prácticamente desde ya? Yo no la llamaría “normalidad”. Ya nada volverá a ser igual a nuestro presente. Te dejo la inquietud (Dalis de Guillén, 27 de diciembre, comunicación personal).

En lo personal, no la veo y tampoco la llamaría nueva normalidad. Tal cosa, en los sistemas biológicos no existe, y asumo que tampoco en los sociales. En los sistemas biológicos hablamos de equilibrio dinámico: nunca se vuelve a un estado anterior ocurrida una perturbación, ni algo parecido. Se pasa a otro, se «escala», se crece, se evoluciona, hasta alcanzar un nuevo estado de equilibrio. Mejor adaptados, más preparados, con mejores respuestas a los cambios.

Me pregunto si como sociedad, como especie, seremos mejores. Opino que valoraremos cosas que dábamos por hechas, por descontadas, «bien merecidas» por estar en la cúspide de la creación. La especie «más fuerte e inteligente de nuestro planeta». Seremos más agradecidos y conscientes de cada día; más felices o satisfechos a través de lo simple, lo cotidiano; los olores y los sabores. Buscaremos crear el tiempo de los abrazos, los espacios del estar presente con nosotros mismos y con los otros; apreciaremos de otra manera la naturaleza, lo invisible que existe, lo que a pesar de ser diminuto es valioso, un día de sol, la lluvia, los atardeceres, la playa, los ríos, las montañas, la gente, al otro. Nos miraremos, a través de los mismos ojos, pero bajo otra forma de ver, más valorativa, más apreciativa. Nos daremos cuenta y aceptaremos que sobrevivimos por nuestra capacidad de adaptarnos más que por nuestra inteligencia y fuerza, y con ello validaremos lo expuesto por Charles Darwin.

Con todo, seguiremos siendo ego y sombra: es nuestra naturaleza, sin duda, pero más conscientes y contemplativos de nuestros complementos, de nuestro ser íntegro. Nuestro mundo cambiará en la medida en que cada uno cambie para mejor; mientras nos esforcemos por ser cada día la mejor versión de nosotros mismos.

No hay «nueva normalidad». ¿Cómo definiríamos una nueva normalidad dentro de una anormalidad reinante? Habrá un nuevo estado de equilibrio dinámico bajo un esquema de respuestas a un evento perturbador, con consecuencias catastróficas y hasta disruptivas. Muchas personas están sufriendo pérdidas más que materiales, de golpe, en números múltiplos. ¿Cómo será la vida para ellos después que “volvamos” a un mundo sin restricciones de movilidad, sin cortapisas a la libertad? Hay muchos que no han podido despedirse de sus familiares más queridos, que no han podido sostener su mano o percibir su último aliento; o ponerse en paz. ¿Cuál será su nueva normalidad? Aquella que dicte su capacidad adaptativa para seguir adelante, hacia ese nuevo estado de equilibrio.

En fin, los Baby Boomers estaremos menos “peleados” con la tecnología. Agradeceremos que existe porque nos ha mantenido comunicados y conectados en tiempo real. Nos ha dado la oportunidad de poner a prueba nuestra capacidad subutilizada de adaptación, bajo condiciones extremas. Seremos, en consecuencia, más comprensivos con las nuevas generaciones.

Hemos aprendido a sonreír con los ojos y hablar a través de la escucha; a extrañar los abrazos que daremos más fuertes. Nos estamos reconciliando con nuestro propio yo.

Y recordemos: ningún tiempo pasado fue mejor. Lo mejor está ocurriendo en el momento presente.

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